𝙃𝙚𝙧𝙢𝙤𝙨𝙖𝙨 𝙢𝙚𝙣𝙩𝙞𝙧𝙖𝙨 ; 𝙁𝙧𝙚𝙚𝙣𝘽𝙚𝙘𝙠𝙮 [G!P]
𝙑𝙀𝙄𝙉𝙏𝙄𝘿𝙊𝙎
POV Freen
El martes siguiente en el trabajo, recibo una serie de llamadas telefónicas de Nam, luego de Charlotte y finalmente de la cheff. Dejo que se vayan todos al correo de voz y me pregunto si todas las mujeres de mi vida se han vuelto de repente locas. Hoy, me voy a reunir con los directivos, teniendo una sesión de estrategia sobre cómo tratar de cambiar el tercer trimestre antes de que el informe de ganancias salga el próximo mes.
Cuando mi teléfono parpadea de nuevo, bajo la mirada hacia la pantalla. El texto de Nam me hace tirar la pila de informes que estoy revisando.
" Sarocha, ¡responde a tu maldito teléfono!
¡¿Dónde estás?! "
"En la oficina, ¿qué pasa?"
Escribo, molesta.
"Tienes que venir a ver a Becky. Su hermana ha fallecido."
Mirando las palabras en la pantalla, trato y fallo al comprender su significado. Acabábamos de pasar el fin de semana con la familia de Becky. Irin se encontraba bien. Estaba delgada y se quejaba de estar cansada, pero había estado bien. No. Esto tenía que ser algún tipo de error.
Excusándome de la sala de juntas, le escribo un texto a Nam, confirmando que me hallaba en camino. Llamo a Charlotte con mi teléfono mientras bajo corriendo por las escaleras. No hay tiempo para esperar al ascensor, no mientras mi chica me necesita.
— Freen, ¿dónde has estado? He estado tratando de...
— Lo sé. Looknam me lo acaba de contar.
— Oh Dios, Freen, es horrible.
Conduzco como un cohete todo el camino hacia la casa de Nam. Cuando llego, no me molesto en llamar, me dirijo al interior, mis ojos buscando a Becky.
En su lugar, encuentro a Looknam en la habitación de enfrente, su expresión angustiada.
— Gracias a Dios que estás aquí.
— ¿Dónde está? — grito.
Nam señala a la parte trasera de la casa. Corro por el pasillo y encuentro a Becky sentada en la mesa de la cocina mirando a sus manos, una taza de té ahora frío ubicada a su lado junto con media docena de pañuelos usados.
La sala está en silencio y sin vida. Joder, lo odio.
— Bec... — murmuro contra el zumbido de la nevera.
La cabeza de Becky se alza y su expresión es una que nunca la he visto tener y una que espero nunca ver de nuevo el tiempo que vivamos.
Su piel está pálida, su boca se dibuja en una línea apretada, pero sus ojos son lo peor. Están en blanco e inexpresivos dos piscinas encantadas de miel que, a pesar de su silencio, gritan de dolor y trauma tan profundo que mi estómago se encoge mientras temo que nunca volverá a estar completa de nuevo. Irin no era solo su hermana, no solo su mejor amiga. Ella era casi la gemela de Becky. Es una pérdida que no puedo ni siquiera empezar a entender.
— Ven aquí, cariño. — la pongo en mis brazos y ella se levanta fácilmente, dejándome ponerla en mi pecho.
Entierra su cara en mi cuello y solloza. La agarro con más fuerza, odiando que tenga dolor y yo no pueda hacer una maldita cosa al respecto. — Lo siento mucho. — las palabras se sienten huecas y tan inadecuadas, que quiero tragarlas de nuevo al segundo que salen de mi boca. Quiero preguntar qué ha pasado, pero sé que ahora no es el momento adecuado. Así que en cambio, la dejo llorar, sosteniéndola con fuerza contra mí y amortiguando los sonidos de su llanto con mi chaqueta.
Unos minutos más tarde, sus sollozos se tranquilizan y le quito el pelo de la cara. — ¿Puedo llevarte a casa?
Ella asiente y me deja coger su mano y llevarla hasta el coche mientras Nam observa desde la puerta con una mirada triste y melancólica.
Cuando llegamos a casa, despido al personal. Pasar la aspiradora y pulir jarrones de cristal de repente parece mucho menos importante. Acuesto a Becky en mi cama, donde se acurruca en una pequeña bola, abrazando mi almohada en su contra. Cojo su teléfono del bolso y llamo a su padre.
— ¿Señor Armstrong? — mi voz se quiebra y él hace el sonido de un sollozo ahogado en el otro extremo.
— Freen, ¿cómo está?
— Está en la cama ahora mismo. No ha dicho ni una palabra todavía. — me gustaría tener mejores noticias para informar, pero es la realidad de la situación —. Cuidaré de ella, señor.
— Sé que lo harás.
— ¿Qué ha pasado? Irin parecía estar bien cuando estaba aquí...
Me entero de que cuando Irin regresó a su casa el domingo, se quejó de una hinchazón leve y de dolor en el lugar de su puerto al catéter. En cuestión de horas, la fiebre se había disparado y la llevaron a emergencias. Los médicos empezaron con antibióticos para una infección que rugía sin control a través de su sistema. Pocas horas después de ser admitida en el hospital, se introdujo en un coma mientras la agresiva infección tomaba total ventaja de su debilitado sistema inmunológico.
Su salud reducida contribuyó al problema y la infección mortal tuvo una línea directa de acceso a una vena en el pecho, cortesía del puerto instalado para hacer sus tratamientos de cáncer más fáciles.
Su padre tiene que parar dos veces para recobrarse. Le digo que está bien, no tiene que continuar, pero cada vez, le hace falta un par de minutos para ponerse bajo control y continúa con la historia. Cuando termina, no tengo ni idea de qué decir. Así que le digo que estaremos allí pronto.
Después de finalizar la llamada, llamo a Charlotte, instruyéndola para que tenga listo el piloto y mi avión y para hacer gestiones por mí para estar fuera del trabajo durante un tiempo. Es el peor momento posible, pero el desastre no se planea en torno a tu calendario, solo se precipita y te golpea en la cara, exigiendo su atención. Y ahora mismo, esta situación tiene mi completa e íntegra atención y mi primera prioridad es Becky.
[°°]
Unas horas más tarde, estamos a bordo en mi jet y está ascendiendo suavemente en el cielo nocturno. Tuve que cargar a Becky hacia coche y ayudarla a subir al avión. Está débil y desorientada y esa atormentada mirada vacía no ha dejado sus ojos ni una vez. No mientras descansaba en la cama mirando el techo, no cuando le expliqué que íbamos a volar a casa esta noche, y no ahora mientras mira las pequeñas luces brillando a tres mil metros por debajo de nosotros.
Hice nuestras maletas, que además de artículos de higiene personal y artículos aleatorios de ropa, cada una tiene el traje formal negro adecuado para un funeral.
Levanto la botella de whisky de su lugar de descanso en la consola central y me sirvo un poco. Echando un vistazo a Becky, recuerdo nuestra primera noche juntas - este avión, su sombrío estado por una razón completamente diferente. Ella había estado luchando para salvar la vida de su hermana. Mi estómago se aprieta y me tomo un amargo trago de alcohol, necesitando su efecto adormecedor ahora más que nunca.
Es solo cuando estamos en el aire que Becky habla sus primeras palabras para mí.
— ¿Puedo tomar algo de eso? — pregunta, asintiendo hacia la jarra de cristal ubicada a mi lado.
— Por supuesto. — le ofrecí agua, té y traté de hacerla comer, todo lo cual rechazó más temprano. Y aunque sabía que el licor fuerte no era lo mejor para su estómago vacío, no se lo negaría. Vertiendo una cantidad moderada en un vaso, se lo entrego. Sus dedos rozan los míos y los ojos de Becky se alzan para reunirse con mi mirada.
— Te amo. — digo.
— Lo sé. Yo también te amo. — dice ella, luego da un gran trago a su bebida y hace muecas.
No hablamos de lo que sucederá cuando aterricemos. Nunca he visto su casa de la infancia, pero ahora no es el momento para la nostalgia. Quiero darle comodidad y alejar cada gota de su dolor. Esta es la más frustrante y jodida situación que puedo imaginar. Odio esto. Quiero que Irin vuelva. Quiero que mi dulce Becky llena de vida regrese. Odio el pensamiento que cruza por mi mente - sin la existencia de Irin, ¿la propia existencia de Becky se atenúa? Ella bebe dos grandes de whisky, que le dejé tomar en contra de mi mejor juicio, y luego cae dormida en mi hombro.
Apretando mis brazos alrededor suyo, la miro mientras duerme, y prometo que lo que sea que venga después, estaré ahí para ella.
POV Becky
Nunca pensé que tuviese que temer a una infección. Cáncer -la gran y sucia palabra con C era mi enemigo- no alguna enfermedad que se deslizó a último momento. No es justo. Y no entiendo. Lo había estado haciendo tan bien.
Odio cuán vacío y sin vida se siente nuestro cuarto compartido. Aún así no puedo evitar recostarme en el lado de la cama de Irin, el único lugar en la casa en el que aún puedo sentirla.
Puedo escuchar a Freen y a mi padre abajo en algún lugar hablando en voz baja. No sé qué haría sin ella. Es mi roca y mi amor por ella solo se ha cuadruplicado en los pasados dos días.
Mi madre viene cuando el sol empieza su descenso a través del cielo. — ¿Cariño? — golpea en la puerta y entra.
— Hola, mamá.
Se sienta en la cama a mi lado. — Tan pronto como llegamos a la sala de emergencia, Irin le pidió a una enfermera papel y un lapicero. — me pregunto por qué está diciéndome esto, hasta que saca el pedazo de papel de su bolsillo y me lo tiende—. Incluso cuando le aseguramos que estaría bien una vez que le aplicáramos los antibióticos, ella parecía saber algo que nosotros no. Escribió esto con una furia mientras la atacaban con intravenosas y los removían de su puerto. Luego lo dobló y me dijo que te lo diera. No lo he leído.
Sostengo el papel en mis manos. Todavía está caliente por las manos de mi madre y saboreo la imagen de una terminada Irin en una de sus últimas rebeliones actuando en contra de la maldita enfermedad que se la llevó.
— ¿Puedes dejarme sola? — le pido a mi madre.
Ella asiente y se levanta de la cama, dándome privacidad para lo que de seguro es un momento emocional.
Desdoblo el papel y miro el dibujo que salta hacia mi desde la parte inferior de la página. Es un mal dibujo de un pene con largas bolas y líneas onduladas de pelos que sobresalen de ellas. Sonrío por primera vez en dos días. Lágrimas caen de mis ojos y mi amor por ella crece, si eso es incluso posible. No he leído las malditas palabras en el papel y mi humor ya ha cambiado. Ella sabía que necesitaría esto. Me conoce tan bien.
Becky...
Gracias por llevarme a Roma. Santa mierda esos italianos eran calientes. Gracias por ser mi mejor amiga, gracias por cada sacrificio que has hecho por mí, grande y pequeño. Gracias por siempre darme tus Starbursts rosas.
Pestañeo ante las palabras, recordando los incontables paquetes de Starbursts que compré en el hospital en las máquinas expendedoras todos estos años. Los rosas eran los favoritos de Irin, e incluso aunque eran los míos también, siempre se los di a ella. Cada vez. Sin cuestionar. Sin alegar.
Te amo infinitamente. No te atrevas a pensar por un segundo que el amor se fue. No te atrevas a llorar por mí. Extráñame. Cada día, como yo te extrañaré. Entonces sigue viviendo. Hazlo por mí. Porque no puedo. Estaré ahí en cada noche estrellada, en cada soplo de brisa contra tu piel cuando corras, estoy en cada paquete de Starbursts, sonriéndote cuando comas los rosados.
Una solitaria lágrima se desliza de mi ojo y la quito antes de continuar.
Lo que sea que pase, por favor tienes que saber que estoy contigo. SIEMPRE. Ve a amar a esa caliente mujer tuya, tú, chica suertuda. Ustedes dos van a hacer unos bebés malditamente hermosos un día. Y eso me hace tan feliz.
Al final está el pene dibujado y su nombre junto con un corazón al lado. Eso era. La carta completa. La leo dos veces más, luego la doblo cuidadosamente a lo largo de las mismas arrugas y la llevo a través de la habitación, metiéndola en mi bolso para mantenerla a salvo.
Mamá toca de nuevo y entra, su expresión es abierta y expectante. — Bien, ¿qué decía?
Me tome mi tiempo, considerando cómo responder. — Todo.
Asiente. — Bien.
Cruzando el cuarto para sentarse a mi lado de nuevo, mi madre alcanza mi mano. — ¿Cuáles son tus planes después del funeral mañana?
Vamos a tener un almuerzo en la casa después del funeral, pero sé que no se refiere a eso. Pienso que todos nos encontramos preguntándonos la misma cosa, ¿Seguiremos viviendo en un mundo donde mi brillante y cariñosa hermana no existe más?
— Me preguntaba si podía quedarme aquí tanto como me necesites. Freen probablemente tiene que volver al trabajo pero...
Sacude la cabeza, deteniéndome. —Tu papá y yo estaremos bien. Hemos sabido que esto era una posibilidad por un largo tiempo.
¿Era la única tan ciega que no sabía lo que estaba sucediendo, que no entendía los riesgos? Irin continuaba desgastándose mientras todos me alimentaban con líneas sobre el tratamiento experimental que milagrosamente financié, no hizo nada. Esas palabras resonaron más profundo de lo que me gustaría. Nada. Todo ha sido por nada. La subasta, venderme a mí misma, conocer a Freen...
No. Tan pronto como pienso en la última parte, sé que no es cierto. Estaría perdida sin ella ahora mismo.
Mi madre continúa—: Papá y yo nos tenemos el uno al otro. No necesitas quedarte aquí, Rebecca. Deberías ir a casa con Freen, Irin estaba tan feliz de que la encontraras.
Respiro profundamente y asiento.
[•••]
Cuando dejamos la casa de mis padres se siente tan mal manejar lejos sabiendo que mi hermana está en ese cementerio. Parte de mi corazón ha sido enterrado en la fría y dura tierra. Ella está en cada rayo de sol que sea demasiado brillante, en cada soplo del viento en contra de mi piel mientras abordamos el avión. Sé de seguro que ella está todavía conmigo. La veo en mi reflejo en la ventana del avión, en el apretón de mi corazón y siento todo de nuevo. Freen me acerca y me dice que me ama, y creo que tal vez, sólo tal vez voy a tener la fuerza para hacer esto.
POV Freen
En contra de mi mejor juicio, volví a trabajar. Becky me aseguró que era importante que las dos reanudáramos nuestros horarios normales. Pero cuando "sólo una semana" se convierte en dos y Becky se convierte en una mujer que ya no reconozco, sé que tengo que pedir refuerzos.
Hubo unos pocos días que me dieron la esperanza de que mejoraba. Había ido a correr, se había detenido donde Looknam para ver al bebé una vez, y en realidad había hablado con ese consejero que le envié a la casa. Pero cuando llego a casa del trabajo esta noche, mi corazón se rompe por lo que encuentro.
Becky está sentada en el balcón que se extiende desde mi oficina. El viento está azotando su pelo salvajemente alrededor de su cara y piel de gallina cubre su carne. Una tormenta se acerca, pero parece no darse cuenta.
Su piel está pálida, y su expresión vacía. Simplemente es una cáscara de la chica que me enamoré. Sus ojos miel gigantes miran fijamente al océano y está tomando grandes sorbos de mi whisky directamente de la botella. Y la forma en que ya no hace una mueca ante el sabor me dice que esto probablemente ocurre con regularidad. Joder.
— ¿Cariño? — pregunto, acercándome con precaución.
Su cabeza se vuelve hacia mí y parpadea varias veces. — La estoy perdiendo, Freen.
Me arrodillo en el piso frente a ella y acuno su cara en mis manos. — ¿Perdiendo qué, dulzura?
— Todo. El sonido de su voz. La forma en que olía. Cómo se sintió cuando estábamos juntas...
Me siento allí, sin habla, sosteniendo sus mejillas y veo sus ojos llenarse de lágrimas. Joder, Freen, piensa.
Está completa y jodidamente rota en este momento y me preocupa que la única que sabría cómo juntar sus piezas de nuevo es Irin, la hermana con la que compartió un vientre por nueve meses, su mejor amiga a la que amaba sin dudar. Estoy asustada de que no ser suficiente para ella, que mi amor nunca alcance.
— Tengo que hacer pis. — dice después de varios segundos, y luego se levanta tambaleándose sobre sus pies.
La acompaño al baño, ayudándola a mantenerse estable. — ¿Cuánto bourbon tomaste? — esa mierda es fuerte. Lo suficientemente fuerte como para hacer que me caiga de culo después de un vaso pequeño.
— No lo suficiente. — dice, sus pies se retuercen debajo de ella. La agarro por la cintura, evitando que su cara se estrelle contra el suelo. Maldita sea.
Cuando llegamos al cuarto de baño, maniobro con ella dentro de la habitación, tiro de sus pantalones cortos y sus bragas hasta los tobillos y luego la siento en el inodoro. — Voy a estar justo en la puerta.
Asiente y cierro la puerta detrás de mí. Puedo oír el sonido de cuando hace 'pis' y está murmurando algo para sí misma. Algo sobre caramelos rosados. ¿Qué demonios?
De pie en el pasillo, pesco el celular de mi bolsillo y marco el número de Jeff.
— Necesito tu ayuda.
— ¿Becky? — pregunta.
— Sí. Está completamente borracha. Bebió un montón de ese bourbon añejo. Tengo miedo y no sé qué hacer.
— Esa mierda es fuerte. ¿Ha comido algo? — pregunta.
— No, lo dudo. Murmuró algo acerca caramelos rosados.
— Estoy en eso, hermana. Sólo respira. Estaré allí pronto.
Justo cuando Jeff llega a la casa, el cielo se vuelve oscuro y un fuerte rugido de truenos se estrella en la distancia. La lluvia no tardará en llegar.
— ¿Dónde está? — pregunta.
— En el dormitorio. — la había acostado con un álbum de fotos de mi último viaje a África. Parecía que podía mirar las fotos de los pequeños pueblos, la gente, los niños durante horas y horas.
— ¿Qué quieres que haga? — pregunta.
— Necesitamos macarrones con queso.
— Deberías haberme dicho, podría haber comprado algo. — él sostiene una bolsa de plástico que está llena con al menos una docena de paquetes de caramelos.
— No, necesitamos que sea hecho en casa.
— ¿Cómo lo hacemos?
— No lo sé. Buscarlo en Internet, supongo. — asiente y se dirige a la cocina.
— Llévalo arriba cuando esté listo. — le digo, luego me dirijo a las escaleras.
Becky está roncando suavemente, pero cuando cruzo el dormitorio, levanta la cabeza y parpadea varias veces, con los ojos fuera de foco. Me alegro de que haya descansado un poco, aunque sea breve.
— ¿Cómo te sientes? — pregunto, sentada a su lado en la cama.
— Mareada. — confirma, apartando su pelo sucio de la cara.
— Pensé que podría prepararte un baño caliente. Podría ayudar a relajarte. — asiente. — Bien.
Al menos deja que me ocupe de ella. No discute sobre eso. Si lo hiciera, realmente me sentiría impotente y fuera de control. Tal como está, sé que mis gestos sutiles no pueden ayudar mucho, pero al menos puedo hacer algo.
Enciendo el agua caliente y veo la tina rellenándose. Después de volcar en una generosa cantidad de algo de un frasco morado llamado Adiós Estrés, voy a buscar a Becky. Me deja cargarla hasta el cuarto de baño, desnudarla, a continuación dejo su cuerpo en el agua.
— ¿Cómo está? — le pregunto una vez que está acomodada.
— Agradable. — dice y me obsequia una pequeña sonrisa rara.
Mi corazón salta, Dios, extrañaba verla feliz.
— ¿Vas a estar bien durante unos minutos? Voy a conseguir algo de ropa.
Asiente. — Vas a volver, ¿verdad?
— Sí. — le confirmo.
Una vez que tengo un nuevo cambio de ropa para ella, vuelvo a entrar al baño, dejo la ropa sobre el mostrador, bajo la tapa del inodoro y me siento.
— Gracias por quedarte. — me sonríe de nuevo.
— Por supuesto que me estoy quedando. ¿Quieres que te lave el cabello? — menea la cabeza.
— Me lavé antes. Todavía me ducho, sabes.
— Sé que lo haces. — de hecho no lo sabía.
— No estoy rota, sabes.
— Sé que no lo estás.
Espero en el taburete, y reviso el correo electrónico del trabajo en mi teléfono mientras Becky se mueve en la bañera. Se hunde en el agua y descansa su cabeza contra el borde, con los ojos cerrados y con un gesto inexpresivo cruzando sus rasgos. Cuando asegura su pelo en un moño desordenado en la parte superior de la cabeza, puedo decir que todavía está borracha por sus movimientos descoordinados.
Mi estómago se agita por la preocupación. Trato de no asomarme, trato de no mirar, y en su lugar me concentro en responder a las decenas de mensajes de correo sin leer, pero es difícil. Pensamientos de ella consumen todo mi ser.
Cuando oigo movimiento en el agua, levanto la mirada. Becky se ha levantado, de pie en el centro de la bañera con chorros de agua jabonosa cayendo en cascada por su cuerpo. Mis ojos vagan perezosamente desde las puntas de sus pechos llenos hasta su coño desnudo y siento que mi cuerpo responde ante el suyo. Mi polla palpita, hinchándose contra mi muslo. La maldita tiene un mal momento. Pero Becky desnuda no es algo que pueda ignorar, no importa cuán sombría sea la situación.
Agarro una toalla cuando sale de la bañera y se posa en la alfombrilla. Me deja secarla de pies a cabeza, aparentemente ajena a mi estado semi-excitada.
Becky se queda ahí, mirándome con sus ojos miel. Cuando tomo el pijama del mostrador del baño, un pequeño mohín cruza sus labios carnosos.
Ignorando el impulso de besar ese ceño para alejarlo, extiendo el par de bragas, y obedientemente, Becky levanta un pie a la vez y se para en ellas.
— ¿Cómo te sientes? — pregunto. Mi voz es malditamente densa por la excitación. Me aclaro la garganta.
— Mejor. — dice, su voz es apenas un susurro.
— Bien. — me alegro de que el baño ayudara, y estoy esperando que la comida que Jeff está preparando la haga sentir como nueva. — No quiero que bebas así cuando no estoy en casa.
Levanto su barbilla para ver sus ojos. — Lo sé. — traga —. Fue sólo un mal día. Mierda. Ahora me siento como una idiota.
Le acaricio la mejilla y presiono un tierno beso en sus labios. — Tienes permitido tener días malos. Es sólo que no quiero preocuparme por ti, ¿de acuerdo?
Asiente y se inclina por otro beso. — Te echo de menos, Freen. Nos echo de menos.
— Estoy aquí, dulzura. No voy a ninguna parte. — presiono mis labios sobre los suyos y siento el preciso segundo en que el beso cambia, volviéndose caliente y lleno de una promesa fuerte de algo más.
Becky abre sus labios y su lengua sondea ligeramente mi boca. Instintivamente, abro la boca, mi lengua rozando ligeramente a lo largo de la suya. Sé que no debería estar haciendo esto, pero ha pasado mucho tiempo desde que la he besado, realmente besado, y estoy deseando su calor, y un sentido de normalidad. Succiona mi lengua en su boca y me trago un gemido áspero de placer.
Apartándome sólo una fracción, compruebo sus ojos. Están brillando de deseo, lo que debilita mi resolución. No ayuda que esté con el torso desnudo y caliente, y permanezca de pie tan cerca de mí. Estoy a centímetros de tener todo el peso de sus pechos en mis manos y mi boca, mi cara entre sus muslos cremosos. Doy un paso atrás, necesitando poner distancia entre nosotras. Sólo que no conté con darle a Becky una visión directa de la erección que abulta mis pantalones. Sus ojos se enfocan en el bulto y se lame los labios.
Maldita sea.
¡Enfócate, Sarocha!
— Aquí, cariño. Vamos a conseguir que te vistas. — agarro la camiseta y trato de ayudarla a ponérsela.
Me la quita y la tira al suelo. — No.
— ¿No?
Sacude la cabeza, con los ojos todavía comiéndome. — Quiero que... quiero que me folles.
Una nueva ronda de sangre bombea hacia el sur, por lo que mi polla palpita. — No, no en este momento. No esta noche. — ella no está en el estado de ánimo adecuado. Estaría tomando ventaja. Enumero mil razones en mi cabeza, luchando conmigo misma mientras me mira.
— ¿Por favor? — pide.
Meneo la cabeza. — No. Ahora, por favor vístete. — Jeff está apunto de subir aquí con su cena en cualquier momento. Desde luego, no quiero que tenga un vistazo de ella. Sus magníficos pechos están reservados para mí y sólo para mí.
Baja su mano y agarra mi polla, dándole un ligero apretón. — Fóllame, Sarocha. Hazme sentir mejor. — suplica.
Quito su mano. — De ninguna manera. Estás borracha. No voy a follarte.
Levantando sus manos, acuna sus pechos, juntándolos y frota sus dedos sobre sus pezones. Deja escapar un susurro suave como un suspiro tembloroso como si la sensación fuera la cosa más agradable que ha sentido en mucho tiempo.
Me quedo ahí, paralizada, mirándola tocarse los pechos. Es tan hermosa que quiero recostarla en el piso del baño y follarla de seis maneras diferentes hasta el domingo. Pero no lo haré. Tengo un poco más de moderación que eso. Sin duda jugaré con mi polla más tarde con esa imagen en mi cabeza, una vez que ella se metiera en la cama, pero no necesita saber eso. Le da sus pezones un pequeño tirón y suelta un gemido gutural. Luego deja caer sus manos.
Gracias a Dios su pequeño espectáculo ha terminado. No podía aguantar mucho más.
Pero luego se baja las bragas y empieza a frotar sus dedos sobre su apretado haz de nervios. Joder. Está tan increíblemente sexy y desesperada...
Las bragas caen de sus rodillas y se deslizan hasta el suelo. Mi mirada sigue su movimiento y me doy cuenta de que es el mismo par de bragas de color azul pálido que llevaba en la subasta. Siento toda mi determinación desvanecerse. Me froto las manos sobre mi cara. A la mierda. No debería, pero no hemos hecho el amor en dos semanas y estoy desesperada por sentirla a mi alrededor.
— Bec, ¿estás segura de que quieres esto? — mis manos inconscientemente se mueven a mi erección y la ajusto.
Sigue mis movimientos y asiente. — Sí. Lo necesito.
— Desabróchalo. — bajo la mirada a mi regazo y Becky lleva sus manos a mi botón, liberándolo y baja lentamente la cremallera. Sus manos trabajan en la parte delantera de mis pantalones, aparta mi ropa interior y toma mi polla en su palma, mientras la agarra y la frota con fuerza. Una gota de fluido sale de la punta, y la extiende por mi longitud con su pulgar, causando que mis rodillas se debiliten.
En ese momento, me entrego por completo. Si ella quiere una distracción, si necesita olvidarse de todo el dolor y la tristeza de las últimas semanas, entonces, ¿quién soy yo para negárselo?
Agarro sus muñecas, alejando sus manos de mis pantalones. — Más lento, BecBec. — se siente demasiado bien, y quiero que ambas lo disfrutemos. No duraré si sigue bombeando mi polla de esa manera.
Succiona su labio inferior y hace un puchero antes de encontrar mi mirada. Pero lo que ve cuando mira mis ojos le dice todo lo que necesita saber. Voy a cuidar de ella. Voy a hacerla venirse tan fuerte que olvidará su propio nombre.
La levanto por la cintura, apoyándola en la encimera del baño. Me pongo de pie entre sus muslos, abriéndola, y tira de mi camisa en la lucha por acercarse. Está completamente desnuda y yo aún completamente vestida.
— Tu blusa. — suspira.
— ¿Sí, dulzura?
— Quítatela. Necesito sentir tu piel. — obedezco, luego arranco mi camisa por encima de mi cabeza.
Me acerca, hasta que la punta de sus pechos se frotan contra los míos y ambas nos estremecemos ante el contacto y la ráfaga de endorfinas que eso libera. Ha pasado demasiado tiempo.
Me inclino y tomo uno de sus hermosos pechos en mi boca, mi lengua humedece su pezón izquierdo, luego el derecho. Becky arquea la espalda y mete sus manos en mi cabello, dejándome devorarla. Quiero tomarme mi tiempo, asegurarme de que esté lista para mí, pero cada vez que estamos juntas se siente como una explosión energía sexual y no puedo controlarme. Algo a lo que no estoy acostumbrada.
Me retiro para besar su boca, mi lengua es codiciosa y chupa la suya. Sus manos deambulan en mis pantalones, frotando mi polla con entusiasmo. Sé que esto será más rápido de lo que quiero, pero tal vez es lo que necesita.
Con nuestras bocas fusionadas y su mano en mis pantalones, encuentro su centro húmedo y empujo mi dedo índice y medio en su interior. Jadea en mi boca, paralizándose momentáneamente antes de continuar la arremetida que arrojó con el propósito de hacerme venir demasiado pronto. Mi otra mano juega con sus pechos y pezones, y Becky se estremece mientras me bombea con entusiasmo en sus manos.
— Cariño, tranquila...— tomo sus manos de nuevo, haciendo que se detenga y me siento como una maldita idiota.
Me sonríe, claramente orgullosa de sí misma. Dios, es bueno verla sonreír. Si esto es todo lo que se necesita para hacerla sentir completamente bien, entonces me anoto.
— No puedo esperar más. — admito.
Baja lo que falta de mis pantalones y del bóxer por mis caderas, permitiéndome acomodar mi polla contra ella. Cuando empujo hacia adelante, desapareciendo dentro de su perfecta abertura rosada, dejamos escapar un gemido.
— Sí, fóllame. Más fuerte. — ruega.
Obedezco, empujando en su interior sin descanso, mi figura domina la suya más pequeña.
Sus ojos deambulan hacia el lugar donde nos unimos y me observa deslizarme dentro y fuera. Es una vista erótica verla mientras nos observa. Puedo leer cada emoción y pizca de placer que recorre sus rasgos. Cuando empujo más profundo, toma una bocanada de aire y deja escapar un jadeo y cuando me retiro sus ojos siguen el camino de mi dureza brillante con una mirada hambrienta.
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