𝙴𝚕 𝚐𝚞𝚊𝚛𝚍𝚒𝚊𝚗 𝚜𝚎𝚌𝚛𝚎𝚝𝚘 [𝙵𝚛𝚎𝚎𝚗𝙱𝚎𝚌𝚔𝚢]
2.5
Después de la cena, Freen insistió en comprar helado y después de que el padre de Becky le diera algunos billetes se dirigieron a la tienda de conveniencia más cercana.
"El de chocomenta es asqueroso."
La nariz de Freen se arrugó ante la elección de la castaña quien la fulminó con la mirada y abrazó con fuerza el bote de cartón. "El chocomenta no es para débiles como tú."
"¿Yo? ¿Débil?" Soltó una carcajada. "Podría romperte en dos sin problema alguno."
Becky resopló. "Me gustaría verte intentarlo."
No creyó que realmente intentara algo. Debió pensarlo mejor. Freen siempre excedía sus expectativas y ahora no sería diferente.
Puso sus brazos alrededor de su cuerpo y apretó con fuerza mientras la castaña gritaba y forcejeaba tratando de soltarse del firme agarre de Freen quién reía escandalosamente a su oído.
"¡Está bien! ¡Para! ¡Para!" Gritó. "¡Quedó claro!"
Freen aflojó su agarre sin soltarla y Becky salió enseguida de sus brazos arreglando su cabello y regulando su respiración. "Eres un gorila."
Se echó el cabello hacia atrás y cayó sobre su hombro mientras sonreía triunfalmente. "Llevaremos de chocolate."
"Pues ya que." Becky no iba a retar a ese luchador de la WWE de nuevo y la sensación de la cercanía de Freen aún no desaparecía y no podía dejar hacerla desaparecer.
Pagaron en caja y salieron del local, la pelinegra no perdió el tiempo y arrancó el sello del bote de cartón mientras le ofrecía una cuchara de plástico sacada de la sección de refrigerados a la más baja.
El sabor a chocolate invadió su paladar y se vió en la necesidad de tomar otro bocado satisfecha con la elección de Freen quién en respuesta le sacó la lengua infantilmente y le dedicó una mirada de 'te lo dije'.
Se sentía tan raro. Ahora si se sentía como si fueran... ¿Amigas? -tal vez- sí podían serlo... No. No podía seguir en negación. Ya eran amigas.
Si entonces esta era la verdadera Freen, no lograba entender por qué tantos años de hostilidad, de desearse la muerte la una a la otra.
"¿Por qué siempre fuiste tan mala conmigo?"
La pelinegra se encogió de hombros. "Ya sabes como puede ser la escuela." Murmuró mientras tomaba otra cucharada.
Todos sabían cómo era. No era tan terrible como las películas y los dramas la hacían parecer, pero si existía esa separación de jerarquías que socialmente hacía "mejor" a unos. En ese contexto, era comprensible. Pero aún así entre ellas las cosas se sentían como algo personal.
"Pero, ¿por qué?"
Freen levantó la cabeza hacía el cielo y suspiró. Y habló con su voz fuerte y clara. "Estaba celosa."
"¿Celosa?" Eso era imposible y tuvo que asegurarse de que escuchó bien. "¿De mi?"
Dejó salir un gruñido y encajó la cuchara en el helado. Becky decidió que era mejor guardarse los comentarios sobre gérmenes. Después de todo ya estaban compartiendo todo el cartón.
"En verdad eres muy inteligente." Dijo finalmente. "Estúpidamente inteligente, como siempre traté de ser. Pero no pude y eso me frustraba. Sabía que nunca conseguiría una beca por desempeño escolar y es por eso que decidí practicar voleibol. Nunca quise jugarlo, pero si eso significaba que mi abuela no tendría que trabajar tiempo extra para ayudarme con los gastos escolares, entonces lo haría."
La castaña tuvo el mismo sentimiento que tuvo en ese almuerzo con Freen y los otros jugadores. De haberlos puesto en un mundo donde sus vidas eran perfectas.
"Sé que no era justo para ti." Se detuvieron al cruzar la calle y bajó la mirada avergonzada con su honestidad. "Te esforzabas tanto en todo, que era impresionante lo bien que te quedaban las cosas y eso, nos intimidaba a todos. Por eso es que hacían bromas sobre ti, pero nunca te importaba. Yo no podría hacer algo así."
"Te equivocas. Si que me importaba. Aún me afecta, honestamente." Lamió sus labios. Los restos de chocolate que quedaban ahí, ya no sabían dulce. "Especialmente cuando provenía de ti."
"¿Por qué de mi?"
Cruzaron la calle caminando a pasos lentos. "¿Recuerdas el primer año cuando estaba ese estudiante de intercambio?" Freen asintió y continuó hablando. "Todos se burlaban de él porque su tailandes no era muy bueno, y un día unos tipos del equipo de fútbol lo estaban molestando hasta que tú los detuviste. Lo llevaste a una esquina y le dijiste que estaba bien si no se podía dar a entender bien." Becky sonrió recordando aquel día. Ella dudaba que Freen se hubiera dado cuenta que la observaban. Estaba de camino a su próxima clase y se detuvo en la fuente detrás de una fuente de agua cuando vió lo que pasaba afuera del vestuario.
Vió a Freen detenerse frente a ellos y luciendo dos metros alta incluso contra ese grupo de chicos que la superaban. Algunas palabras hirientes resbalaron de su lengua y tomó la muñeca del chico para sacarlo de ahí.
"Solía ayudar en la biblioteca durante el tiempo libre," Becky fue al punto. "Te vi ayudándole a estudiar. Incluso encontraste libros de su lenguaje para copiar notas y traducir cuando no se podían entender."
Freen parpadeó sorprendida. "Tú... ¿Viste todo eso?"
Asintió. Después de todo nunca sé olvidó de esa Freen y de que había oro debajo de todo ese polvo.
"Estaba tan enojada." Tosió una risa vacía. "Fuiste tan amable y tan linda con él, pero conmigo solías ser tan cruel."
"Lo lamento."
Becky sacudió la cabeza en respuesta mientras llegaban al final de la calle frente a su casa.
"¿Quieres saber la peor parte?" Encontró los ojos de la más alta. Tenía una mirada tan suave, tierna. Tan cálida que casi se olvidaba de cómo respirar --de lo que iba a decir. "No importaba lo mucho que te burlaras de mí, no podía odiarte. Quería ser como ese estudiante de intercambio y que te quedaras en la biblioteca conmigo. Quería que esa Freen mirara hacia mi."
"¿Por qué?"
"Porque ya lo habías hecho una vez."
Había una razón por la cuál recordaba tan detalladamente aquel proyecto de laboratorio. Debido a que no habían terminado en clase, tuvieron que reunirse después de la escuela.
Sin nadie conocido a los alrededores, Freen se convirtió en esa Freen que ayudó a aquel chico. Se permitió ser ella misma. Reía cuando Becky se equivocaba, pero no se burlaba de ella, si no, con ella. Hacía bromas y se asombraba genuinamente cuando la castaña tomaba el control y dejaba funcionando todo perfectamente.
Miraba a Becky como si fuera la persona más interesante de la tierra. Y por ese par de horas que pasaron juntas, Becky creyó que todo sería diferente, pero, no fue así.
Recientemente, vió vislumbres de esa personalidad cuando Freen creía que nadie miraba. Pero Becky siempre miraba... Siempre la miraba a ella.
Ahora, no sólo eran vislumbres. Eran historias. Y le agradaba como estaban avanzando las cosas. La agradaba tanto que no podía evitar sentirse asustada. ¿Cuándo sería el momento en que Freen se aburriera de ella y la apartara lejos? ¿Cuándo se daría cuenta que Becky no era nadie y rompería su corazón?
"Tal vez tenía miedo," Freen murmuró.
"¿Tú con miedo?" Imposible.
"De lo que me haces sentir."
Becky enmudeció. ¿Qué significaba eso? ¿Qué quería decir? ¿Y por qué su estómago cosquilleo con eso?
"Cóm---"
"Debería ir a casa," interrumpió Freen. "Gracias por tu ayuda." La pelinegra se sonrojó y Becky pensó en lo difícil que sería acostumbrarse a la Freen adorable. "No tienes que agradecerme."
"Como sea, dingus."
Espera.
¿Dingus?
"Me llevaré esto." Le arrebató el bote de helado y rápidamente le mostró una sonrisa forzada. "Adiós."
La miró caminar hasta desaparecer por su puerta.
Las piezas encajaban.
Oh, no.
No.
No podía ser.
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