𝙴𝚕 𝚐𝚞𝚊𝚛𝚍𝚒𝚊𝚗 𝚜𝚎𝚌𝚛𝚎𝚝𝚘 [𝙵𝚛𝚎𝚎𝚗𝙱𝚎𝚌𝚔𝚢]
1.5
La semana terminaba lluviosa.
Intercambió libros entre su casillero y su mochila y se dirigió hacia la salida. La mayoría de los estudiantes se quejó de como la lluvia estropeó sus planes de fin de semana, pero eso no le importaba a Becky. Tenía montones de tareas que hacer e ideas que preparar para el consejo escolar y la recaudación de fondos.
Apenas tuvo tiempo de pensar en si misma cuando llegando al vestíbulo de la escuela se encontró con ese humano.
Hizo su mayor esfuerzo por ignorarle pero alguien como Freen Sarocha era difícil de ignorar. En especial cuando te encontrabas con la inusual imagen de ella recostada en el suelo y sólo su cabeza recargada en ese enorme bolso de gimnasio mientras miraba su celular casualmente.
Cualquier otro día la castaña la hubiera ignorado y se hubiera ido a casa, pero el panorama lucia extraño. Ya era tarde y si bien recordaba, los equipos deportivos no tenían práctica los viernes después de clase. Así que no había motivo para que la pelinegra se encontrara aún ahí.
"Es de mala educación mirar a las personas"
Y con eso cualquier duda o curiosidad se evaporó.
"Espera, ¿te irás?"
"¿Por qué? ¿También crees que vivo en la escuela?"
Freen hizo una mueca que borró rápidamente. "Espero que ese paraguas se haga mierda."
Se tiro de nuevo contra su bolso y Becky se dirigió hacia la salida sólo para detenerse. Debió continuar e irse a casa, cenar y desestresarse con algún estúpido drama para después comenzar con sus deberes escolares.
Pero se detuvo y no pudo detener las palabras que salieron solas de su boca.
"¿Por qué sigues aquí?"
"Esperando, obviamente."
"¿A tu madre?"
La miró como si Becky hubiera dicho que el cielo era purpura. "A que deje de llover. ¡Hola! No soy masoquista como para querer provocarme un estúpido resfriado, prefiero esperar."
Eran más palabras de las que se esperaba pero era una respuesta.
Miro a través de las ventanas. Se supone que la tormenta duraría hasta el anochecer así que si Freen esperaba a que se detuviera se quedaría por horas. Y nadie, ni siquiera los irreverentes como Freen se merecían estar más horas de las establecidas en la escuela.
Maldita sea su necesidad de una conciencia limpia. "¿En dónde vives?"
La pelinegra respondió sin dejar de mirar la pantalla de su celular. Esperaba que la respuesta fuera algún lugar muy lejos de su camino. Esperaba que fuera alguna de esas partes lujosas de la ciudad para así poder hacer una broma acerca de llamarle a su mayordomo para que fuese por ella. Esperaba cualquier cosa pero para su sorpresa estaban bastante cerca y con eso vino la maldita empatía que tenía por naturaleza.
"¿Quieres ir juntas a la parada?"
Freen finalmente la miró. "¿Qué?"
"Me queda de camino y tengo un paraguas."
La mirada de esperanza en su rostro cambió a duda. "¿Es alguna especie de broma?"
"¿Por qué estaría bromeando?"
"¿Y por qué lo harías?"
"¿Y por qué tien---" apretó los dientes para calmarse y funcionó por un momento hasta que vió esa fastidiosa típica sonrisa de mierda de Freen. "Olvidalo."
Abrió la puerta para irse y dejar sola a la otra chica.
"¡ESPERA!" Nunca, en todo el tiempo que la había conocido, la había visto moverse tan rápido. Ni siquiera durante sus partidos con la pelota a punto de tocar el suelo. "Iré." Se puso su bolso al hombro y guardó el teléfono en su bolsillo. "Pero nada de burlas." Advirtió mientras salía por delante de ella.
Hubo espacio para ambas. Claro, Freen tuvo que sacrificar la mitad de su bolso bajo la lluvia y Becky tropezaba de vez en cuando cada que sus pasos no coincidían y ni hablar de los problemas por la diferencia de altura que hacía que la pelinegra usara un poco más de espacio.
El camino hacia la parada del bus era de un tenso silencio. La castaña mantenía la mirada en el suelo mirando como las gotas rebotaban sobre sus zapatillas mientras la otra chica miraba sólo hacia en frente. Estuvo a punto de cederle la sombrilla y enfrentar la lluvia por su cuenta, pero Freen tenía razón y no valía la pena el resfriado que se provocaría.
Cuando llegaron a la parada se separaron inmediatamente bajo el toldo. La pelinegra huyó a la esquina más alejada posible y sacaba de nuevo su teléfono mientras que Becky esperaba con sus manos en los bolsillos. Serían unos minutos más con Freen hasta que el autobús llegara, lo que significaba unos minutos más en el bus que se convertirían en casi media hora durante el trayecto de pie a casa.
Increíble.
"No quise decirlo así." Murmuró tan bajo que apenas y lo escuchó.
Becky la miró y se encontró con sus ojos vacilante. Era una mirada extraña en el alma y sintió algo extraño en el pecho. "Sobre lo de no tener que estudiar."
¿De nuevo con eso? Pensó que Freen ya había olvidado esa discusión. Le tomó por sorpresa que sacara de nuevo el tema a flote. "Todos tenemos que esforzarnos."
"Lo sé."
"Ah, ¿de verdad?"
"Jesús, con un dem---" respiró hondo y resopló. "De acuerdo. No te conozco. Tienes razón. Lo admito. ¿Feliz? Ahora, ¿me dejaras disculparme?"
"Oh. ¿Eso era lo que intentabas?"
"¿Es tan difícil de creer?"
"Viniendo de ti, si."
"Actúas como si fuera el mismísimo engendro de Satán o algo parecido."
"¿Y que no lo eres?"
"Si. Sé que no soy Little Miss Sunshine y que nunca hemos cruzado palabras más que para discutir o molestarnos, pero al menos yo acepto que estaba equivocada sobre ti. En cambió, ¿cuál es tu excusa?"
Ouch.
Los frenos chirriaron cuando el autobús se detuvo. Abrió su paraguas pero Freen pasó de ella y subió al transporte. La encontró hasta el fondo la parte trasera y sus ojos se encontraron sólo para que Freen le quitara la mirada molesta.
La castaña frunció el ceño. Tal vez si fue un poco dura. Después de todo, Freen podría no ser tan terrible. Tenía muchas otras cosas que se preguntaba si alguien más había notado. Tenía esa amabilidad y tal vez si fue grosero de su parte no escuchar sus disculpas. Todos merecían enmendar sus errores. Incluso si eran una atractiva jugadora de voleibol que parecía creerse mejor que los demás pero que en el fondo tenía un corazón de oro...
Espera. ¿Qué? ¡No!
Freen era una idiota y se merecía eso.
La primera en bajar fue Becky. Sobre la acera esperó con paraguas listo a la otra chica quien a regañadientes se unió a ella.
La incomodidad había regresado y la tensión más fuerte que antes. Los nudillos de la castaña estaban blancos por la fuerza con la que apretaba el mango y tenía un pequeño demonio sobre el hombro diciéndole que huyera y dejara a la pelinegra a su suerte. Pero entre más caminaba, menos molesta se sentía y con eso se abría paso la culpa en ella.
Fue estúpida. Sabía que Freen tenía razón.
Tragó su orgullo y suspiró. "Te disculpo."
"Ah vaya, gracias. Gran detalle." Escupió sarcásticamente.
"De acuerdo. También lo lamento. ¿Tregua?"
Freen miró su mano al aire pero la dejó ahí. Becky la guardó de nuevo en su bolsillo y decidió que era mejor guardar silencio lo que restaba de camino.
No pasó mucho cuando Freen comenzó a dirigir sus pasos hacia un edificio. Sólo uno o dos edificios las separaban y se preguntó porqué jamás lo había notado antes.
Una vez que llegaron a la entrada donde estaban mejor resguardadas de la lluvia, se miraron entre movimientos torpes y sin saber que hacer hasta que un hombre pasó entre ellas y abrió la puerta principal.
"...creo que entraré de una vez." Finalmente habló Freen. "Gracias."
"No iba a dejar que te resfriaras, ¿cierto?"
La pelinegra rodó los ojos. "Creo que tenemos una tregua entonces."
Se miraron un última vez y cerró la puerta con un húmedo golpe.
Becky comenzó su camino de nuevo y se preguntó por qué tenía tantas ganas de sonreir.
Actualizo esta historia y Hermosas mentiras porque no he avanzado nada del próximo capítulo de Propuesta Laboral 🥲
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