𝙃𝙚𝙧𝙢𝙤𝙨𝙖𝙨 𝙢𝙚𝙣𝙩𝙞𝙧𝙖𝙨 ; 𝙁𝙧𝙚𝙚𝙣𝘽𝙚𝙘𝙠𝙮 [G!P]
𝘾𝙄𝙉𝘾𝙊
POV Becky
Con un nombre como Charlotte, esperaba una desaliñada anciana ama de llaves con un moño gris y zapatos cómodos, ciertamente no a la castaña de veintitantos años que aparece en un lindo vestido y sandalias de tiras con un bolso Givenchy colgado del hombro.
—¿Becky? —pregunta, quitándose las enormes gafas de sol que cubren sus ojos.
— Sí. ¿Charlotte, supongo?
Asiente y extiende su mano. —Necesitas vestuario, ¿no? — su mirada viaja por mi cuerpo, notando la ropa holgada de Sarocha y se muerde el labio. Luego saca un par de pantalones cortados y una camiseta sin mangas de su bolso y me los entrega. — Freen dijo que necesitarías algo prestado por hoy.
—¿Freen? — pregunto, aceptando la ropa.
Frunce las cejas. —¿Freen Sarocha? ¿Chankimha? La chica en cuya casa te estás quedando.
Asiento. Freen Sarocha. Incluso su nombre es sexy. No me había dado exactamente un nombre falso después de todo. Sonrío cuando recuerdo a Jeff llamándola Chank esta mañana.
— La mayor parte de su personal la llama Señora Sarocha. — se encoge de hombros. — Pero ella es sólo Freen para mí.
Interesante. Me pregunto qué más es de ella. Es hermosa, con su piel bronceada y rizos castaños, me siento cohibida en su presencia. Cuando regreso del baño de invitados por el pasillo, estoy vestida con pantalones cortos y camiseta, sintiéndome agradecida por algo que usar, incluso si es un poco apretado, y luego recupero mi bolso y zapatos del piso de arriba.
— ¿Lista? — pregunta.
Asiento y la sigo hacia afuera en la brillante luz del sol.
Me subo al pequeño auto deportivo rojo descapotable a su lado, tirando de los pantalones demasiado cortos. Presiona un botón cerca del espejo retrovisor y el techo baja y se pliega perfectamente en el maletero. Supongo que tendré que acostumbrarme a mi nueva vida aquí.
— ¿Cómo dijiste que conocías a Freen? Ella fue un poco vaga en los detalles. — pregunta, saliendo del camino de entrada privado.
Repito la historia que ella y yo acordamos y Charlotte asiente sin cuestionarme. — ¿Qué te dijo Sarocha, quiero decir, Freen sobre mí? — pregunto yo.
— Dijo que te quedarías por un tiempo y que necesitarías casi de todo.
— Oh. — me quedo tranquila mientras miro el camino escénico por el que estamos cruzando, recordando la llamada telefónica con mi mamá.
— Escucha, Becky, sé que no es mi es de mi incumbencia curiosear, pero si estás en algún tipo de problema, si necesitas algo... incluso una amiga que te escuche... estoy feliz de ayudar.
Supongo que sonó sospechoso. Que apareciera de la nada sin ninguna prenda de ropa. — No, no es nada así. Sólo un nuevo comienzo. — sonrío, tratando de aligerar el ambiente.
— Bueno, la oferta sigue en pie. Y conozco a Freen mejor que nadie. No es como si ella simplemente deja que una mujer se mude.
Trago y me pregunto qué quiere decir. Me doy cuenta de que Charlotte podría darme información sobre ella, probablemente más que cualquier persona.
—¿Cuánto tiempo has trabajado para ella? — quiero preguntar acerca de qué hace exactamente, pero no estoy segura de sí hay una forma educada para la palabra.
— Oh Dios, Freen y yo tenemos bastante historia. ¿Por dónde empiezo? — se ríe y le echo un vistazo. Su sonrisa es preciosa, y sus ondas castañas derivan alrededor de su rostro con la suave brisa, pero todo en lo que soy capaz de concentrarme es su familiaridad implícita con mi nueva propietaria.
¿Han dormido juntas? ¿Están actualmente durmiendo juntas? No sé por qué no se me ocurrió antes, pero Freen no tiene la obligación de serme fiel. Un pensamiento que hace que se me acalambre el estómago. Mientras estoy dándole una mamada en privado y dándole la parte más preciada de mí, ella podría estar fuera follando a otras mujeres. Mujeres hermosas y confiadas como Charlotte. Sabía que esta situación no iba a ser ideal, pero nunca imaginé que estaría viviendo con una elegible mujer soltera como Freen Sarocha. Ya está afectándome de maneras que no anticipé.
— Mm, vamos a ver. He sido su asistente personal por... — frunce los labios—. Seis años ahora. Empecé en su oficina como recepcionista, pero nuestras personalidades hicieron clic y comencé a trabajar para ella personalmente un breve período de tiempo después de eso. Tener a alguien en quien pueda confiar en su casa y vida privada es importante para ella.
Asiento, pero la verdad es que no la conozco en absoluto. Es extraño pensar que sé cómo se ve desnuda, pero en realidad no la conozco. Y quiero hacerlo. ¿Por qué es tan exitosa a una edad tan joven, y por qué en el mundo fue a la subasta en primer lugar? Las preguntas queman a través de mi mente como un rugiente infierno. Pasamos la tarde en varias tiendas boutique, donde intento comprar vaqueros, pantalones cortos, vestidos de verano y camisetas, todo con la tarjeta dorada de Freen Sarocha que Charlotte azota en cada transacción. Por una vez, realmente tengo dinero, pero después de que Charlotte me reprendió por intentar pagar y dijo que Freen ordenó que todo fuera a su tarjeta, dejé de luchar contra ello.
Ya tenemos varias bolsas de compras llenas de ropa y estamos en nuestra última parada del día, una boutique de lencería por algunos sujetadores y bragas muy necesarios.
Estoy rebuscando en un aparador de sencillas bragas de algodón, de esas que llenan mis cajones en mi casa, cuando tengo la sensación de la presencia de Charlotte a mi lado. Mira el bonito par de pantaletas de color amarillo pálido adornado con encaje y frunce los labios.
— Freen prefiere los colores oscuros. — dice.
Mi estómago se retuerce otra vez por su implícita familiaridad con la mujer con quien actualmente estoy compartiendo una cama. Quiero discutir, decirle que no es así entre ella y yo, pero en su lugar, dejo caer la prenda olvidada en el recipiente y sigo buscando. Por el rabillo de mi ojo, puedo verla mirándome con recelo. Tal vez esa era una prueba, y acabo de responder su pregunta acerca de mi relación con ella sin decir ni una sola palabra. Oh, bueno. Tengo una relación sexual con ella o por lo menos voy a tenerla pronto y no tendrá sentido ocultarlo.
Abasteciéndome de bragas negras y azul marino y sujetadores a juego, encuentro a Charlotte navegando en el área de liquidación de la tienda. No parece el tipo de persona que necesite comprar en la sección de descuento, pero en secreto me gusta que sea ahorrativa. Yo también lo soy.
No se me olvida que es probablemente mi mejor fuente de información sobre Freen. Quiero decir, vaya, ni siquiera sabía su primer nombre antes de que me lo dijera. Me pregunté qué más podría conseguir que soltara. Cuando me ve acercarme, me sonríe de nuevo.
— ¿Lista?
— Creo que sí. — tengo un brazo lleno de ropa interior. — Pero tómate tu tiempo, hoy ha sido todo sobre mí, algo a lo que no estoy acostumbrada. Puedes deambular si quieres.
— Eso es lindo. — asiento hacia el sujetador rojo que sostiene. — No tienen mi talla. — lo mete de vuelta en el estante y sigue mirando. Reúno mi valor.
— ¿Charlotte?
— ¿Hm? — dice, sosteniendo una camiseta sin mangas con lentejuelas.
— ¿Quién es Engfa? ㅡ sus ojos se encuentran los míos.
—¿Te contó sobre Engfa?
Mierda. Su tono acusatorio y mirada fría es demasiado, eso, o mi conciencia es demasiado grande. Mi mirada cae al suelo.
—No exactamente. Sus hermanos se pasaron en la mañana, y su nombre podría haber salido. — y su habitación huele a perfume rancio y la mitad de su armario parece como si hubiera sido vaciado a toda prisa, añado mentalmente.
Charlotte sigue buscando en el estante de los sujetadores con descuento, sus cejas fruncidas como si estuviera recordando un mal recuerdo.
— Ella no ha sido la misma desde Engfa. Ella le hizo un maldito número. — murmura en voz baja.
Realmente no puedo imaginar a alguien lastimando a la siempre controlada Freen Sarocha, pero por otra parte, no tengo idea de su pasado, al igual que ella no tiene idea del mío. Pero pretendo averiguarlo.
Varias horas más tarde, Charlotte me deja en casa de Freen. Compramos tanto, todas mis bolsas de compras apenas caben en su pequeño asiento trasero y maletero. Charlotte me ayuda a llevarlas para adentro y subir las escaleras. Marcha con propósito hacia el dormitorio de Freen, como si fuera una ruta familiar. La pequeña punzada de curiosidad está de vuelta. También noto que no hay duda acerca de donde me voy a quedar ni siquiera fingió suponer que me quedaba en una de las habitaciones para invitados.
Pone las bolsas en el suelo dentro del gigantesco armario y se gira hacia mí. Me ofrezco a cambiarme la ropa que me prestó por el día, pero hace un gesto para descartarlo.
— Gracias por todo lo de hoy.
Asiente. — Por supuesto, como amiga de Freen, estoy segura de que nos veremos un montón la una a la otra. Y en serio quise decir lo que dije antes, si necesitas algo, una amiga para tomar un café o beber, o simplemente una mujer con quien hablar cuando ella te vuelva loca... llámame.
Acepto su número de teléfono, preguntándome qué quiere decir acerca de ella volviéndome loca.
Una vez que Charlotte me deja sola, me siento un poco incómoda poniendo mi ropa en el lado vacío del armario una vez ocupado por las cosas de Engfa. Pero tal vez esa es la intención de Freen al traerme aquí: que yo reemplace los malos recuerdos que ella dejó atrás.
Si eso es lo que quiere, lo haré. El cielo sabe que también estoy huyendo de mi propio equipaje. Estoy aquí por el dinero, pero a medida que el nudo que había tomado residencia permanentemente en mi estómago disminuye con cada hora que pasa, me doy cuenta que no es lo único que esta nueva forma de vida me puede proporcionar.
Estar aquí, en esta mansión, me trae una sensación de alivio de la constante preocupación y el dolor con el que vivo cada día. Extraño a mi familia, bueno, en su mayoría a Irin y por supuesto que me preocupo por su salud, pero no está girando sin descanso en mi cabeza como antes. Debería sentirme culpable por esta comprensión, pero honestamente, es un alivio.
POV Freen.
Antes que dejemos el club campestre, me detengo en la tienda boutique de regalo. El conjunto de camisola y panty con volantes de encaje azul colgando en la ventana llama mi atención, me hace recordar las bragas azul pálido de Becky de anoche. Y como un barco a un faro de luz, me encuentro dirigiéndome directamente hacia ellos.
— ¿Puedo ayudarle a encontrar algo? — la vendedora me pregunta detrás del mostrador, dejando su mirada vagar por mi pecho formado y detenerse en el área directamente debajo de mi cinturón, supongo que me ha visto rondar en el club. — Algo para su novia, ¿quizás? — pregunta.
Carece de su sutileza. Todo lo que ella ve cuando me mira es una polla gorda y una billetera más gorda. Si estoy en este club, significa que tengo dinero, pero después del monstruo rojo del infierno, me repulsa pensar en estar con una mujer así otra vez. Sólo porque ella lanza una sonrisa bonita en mi camino y se caería a sus rodillas a mis órdenes no significa que puede tener mi corazón.
Chicas como ella solo están interesadas en el estilo de vida que les puedo proveer, la riqueza, el estatus, no la mujer de adentro. Lo cual es por qué no estoy interesada en nada más que lo que he arreglado con Becky. Limpio y separado del resto de mí. Sexo e intimidad no tienen lugar juntos.
— Estoy bien, gracias. — sé que Charlotte tendrá todo cubierto hoy, pero eso no me detiene de mirar alrededor mientras espero por Jeff y Nattawin a que terminen en el vestuario. Estoy caliente y cansada después de jugar treinta y seis hoyos de golf pero me gustaría mucho ducharme en la casa donde puedo ponerme ropa limpia después, que aquí con un montón de hombres. Y yo no estaba bromeando cuando le dije a Becky que esté lista para mí cuando llegue a casa. El preludio de anoche no fue suficiente. No he dejado de pensar en su boca deliciosa o sus exuberantes tetas una vez.
Moviéndome más allá de las filas de las bragas de seda y camisolas de encaje me detengo al lado de un escaparate de lociones y aceites. Agarrando uno de las botellas, me dirijo a la caja a pagar.
— Buena elección. — la cajera me sonríe ampliamente.
Ignorándola, compruebo mi Rolex. Me pregunto si Becky y Charlotte están de vuelta ya. La vendedora, obviamente molesta por mi falta de atención, a pesar de su top ajustado desabrochado para mostrar la parte superior de su sujetador, mete mi compra en una bolsa de regalo y lo empuja hacia mí.
Encuentro a Jeff y a Nattawin en el gran vestíbulo del club, rehidratándose con botellas de agua. — ¿Están listas, señoritas? — pregunto. Nattawin me lanza una botella de agua. —Vamos. — le dice a Jeff. — Tenemos que llevar a la princesa a casa a tiempo para su mamada.
Sí, por favor.
La casa está silenciosa cuando regreso y deambulo por las habitaciones de abajo, comprobando la cocina y el comedor antes de ir arriba. La decepción me recorre con la idea de que ella no ha regresado todavía. Por lo menos puedo conseguir ducharme antes que ella vuelva. Lo menos que puedo hacer es lavarme antes de que espere que devore mi polla.
Quitándome la camisa sobre mi cabeza mientras me dirijo hacia mi habitación, me sorprendo al encontrar a Becky sentada en el centro de mi cama con su teléfono en su regazo y un ceño fruncido en su rostro.
—¿Todo bien?
Se sobresalta al oír mi voz y deja caer el teléfono sobre la cama. Su mirada vaga perezosamente hacia mi pecho solo cubierto por un top y su ceño fruncido desaparece. Buena chica.
— Está bien. — pone su teléfono a su lado en la mesita de noche. Me pregunto si estaba hablando con alguien de su casa otra vez—. ¿Cómo estuvo el golf?
— Caliente. Voy a ducharme.
Ella asiente, sus ojos no atreviéndose a alejarse de los míos, aunque puedo decir que está atraída a mi cuerpo. Me lavo rápidamente, sin esperar a que el agua se caliente, enjabonando mi pecho, debajo de mis brazos y por supuesto las partes de mí que quiero en su boca. Envolviendo una toalla alrededor de mis caderas, entro una vez más al cuarto, pero esta vez Becky se ha ido. ¿Qué diablos? Aparentemente necesitamos cubrir algunas reglas básicas. Como regla número uno, estar desnuda y esperando en mi cama para mí todo el tiempo.
Soltando un suspiro frustrado, dejo caer la toalla y me visto antes de ir abajo para encontrarla. Becky está sentada en el comedor, el mismo lugar en el que nos sentamos anoche. Sus piernas están dobladas debajo de ella y está sosteniendo un libro en su regazo. Todo en lo que puedo pensar cuando entro a este cuarto es ella en sus rodillas enfrente de mí, tomando mi polla profundamente en su caliente boca. Cristo, ha sido un largo tiempo desde que me he acostado.
Sus ojos se levantan del libro y se fijan en mi cuando me siento al otro lado de ella.
— ¿Encontraste algo bueno? — asiento hacia el libro en sus manos, el cual asumo ha venido de mi biblioteca personal.
— Charlotte Bronte. — sostiene la portada de Cumbres Borrascosas para mí para ver. Es una oscura y retorcida historia de amor. La historia de mi maldita vida.
— ¿La has leído antes?
— En la escuela secundaria. Pero no recuerdo mucho de ella. — baja el libro sobre el cojín junto a ella, dobla sus manos en su regazo y me mira expectante. Está curiosa acerca de qué va a pasar a continuación
— ¿Tienes hambre? — la sorprendo preguntándole.
Asiente con cuidado. Estoy muerta de hambre después de la larga tarde en el curso y cuando alcanzo su mano, con cuidado coloca su palma contra la mía. Me digo que es importante que la tenga cómoda conmigo, pero en realidad, me gusta tocarla.
La conduzco a la cocina. Domingo es el único día que no tengo un personal aquí para preparar las comidas, pero Hansa usualmente me deja con suficientes sobras para sobrevivir un día sin ella. Encuentro los ingredientes para sándwiches en envases de plástico etiquetados por la eficiente letra de Hansa. Pavo, tiras de tocino crujiente, aguacate, queso gruyere y rodajas de tomate marinado en vinagreta. Armamos los sándwiches en la isla y tomamos nuestros platos de vuelta al comedor.
— Estoy curiosa acerca de por qué estás aquí... — hago una pausa, mirando su reacción.
Obviamente es por el dinero, pero no puedo comprender por qué una chica como Becky estaría lo suficientemente desesperada para venderse. Es una chica normal de corte limpio para todas las apariencias exteriores, dudo que tenga deudas de juego o una adicción a drogas para financiar. Tomo un mordisco de mi sándwich y espero por su respuesta. Honestamente, tengo sentimientos encontrados acerca de descubrir más sobre ella y haciendo de esto algo personal, pero también soy demasiado curiosa como para no preguntar.
Ella parece vacilante al principio y mastica su comida lentamente, tratando de ganar tiempo. — Mi hermana está enferma. — dice suavemente, tan suave que apenas puedo oírla—. Su cuidado es muy caro — continúa. No es lo que estoy esperando y me sorprende su honestidad.
— El dinero... ¿ayudará? — pregunto.
— Mucho. — susurra. Puedo decir que ella tiene sentimientos encontrados acerca de todo esto. Tan aliviada como se ve por cuidar de su hermana, percibo que hay un persistente sentimiento de culpa por dejar la casa durante un tiempo de dificultades.
No tengo intenciones de desnudar mi alma completamente como ella lo ha hecho. No puedo. Dudo que se quedara si conociera la verdadera razón por la que estaba aquí. Y ciertamente no estoy lista para dejarla ir, especialmente antes de que haya cumplido con la promesa de su dulce, tentador cuerpo.
Su respuesta me hace sentir un poquito menos egoísta. Podría haber gastado un millón de dólares para traerla aquí por mis propias necesidades egoístas, pero sabiendo que el dinero va hacia una causa digna ayuda a mi conciencia lo más mínimo.
— Así que vendiste lo único de valor que tenías para salvarla. — es una declaración más que una pregunta, pero Becky asiente.
Ella es una chica interesante, y nada como asumí que sería, verla levantarse en esa subasta, desafiándonos a todos nosotros cubriéndose a sí misma. Es dulce y tímida y algo en mí sabe que debería ser cuidadosa con ella. Recuerdo la manera en que durmió contra mí anoche, dejándome cucharear mi cuerpo alrededor suyo y agarrando mi pulgar como un recién nacido se aferra a su madre una vez encontrado dormido. Su desinteresada decisión de venir a vivir aquí conmigo, una virtual desconocida, golpea algo dentro de mí. Ella es audaz. Una mujer que vale la pena conocer.
Comemos en silencio pesado, cada una de nosotras procesando esta nueva revelación sobre la naturaleza de nuestra relación.
— ¿Cómo perdiste tu virginidad? — pregunta.
Trago el último mordisco de mi sándwich y tomo un trago de agua. Mierda. ¿Está seriamente preguntándome eso? Aunque supongo que preferiría contestar preguntas acerca de mi pasado que explique por qué la había comprado.
— Tenía diecisiete. En vacaciones en Italia con mi familia antes de que empezara mi último año de secundaria. Conocí a una chica local y... — levanto una ceja y Becky se ríe entre dientes. ¿Qué más se puede decir? Todavía trae una sonrisa a mi boca pensar en Estefania. Ella era cuatro años mayor y no tenía miedo de su abierta sexualidad. El sexo había sido fenomenal. Aunque para ser justas, cualquier sexo habría sido fenomenal para la yo de diecisiete años. —¿Cómo fueron las cosas hoy con Charlotte? ¿Confío en que conseguiste todo lo que necesitabas?
Ella asiente. — Sí, gracias. Charlotte es... agradable.
La manera en que la palabra sale vacilante de su lengua me dice que hay más que quiere decir.
— Ella lo es. — confirmo. Ella puede también ser dura como bolas cuando lo tenga que ser esa es la razón por la que confío en ella con mis asuntos personales—. Ella está constantemente aquí. Está a cargo de mi personal doméstico y también hace cualquier trabajo personal que necesite.
Levanta sus ojos a los míos. —¿Estás durmiendo con ella?
— No creo que eso sea de tu incumbencia, Becky. — mi voz sostiene un borde de advertencia. Solo porque estoy siendo amigable y agradable no significa que voy a discutir mi vida personal con ella y ella bien podría acostumbrarse a eso. Está aquí por un propósito y quizás es tiempo de que ambas recordemos eso.
Su mirada se cae de la mía y se mueve incómodamente en su asiento.
— ¿Recuerdas lo que te dije justo antes de salir hoy?
Asiente. — Sobre mi... mi boca.
Levanto una mano a su mejilla y quito una miga perdida de pan, dejando a mi pulgar frotar contra su labio inferior. Su boca se abre a mi toque y absorbe un respiro. Sostengo sus ojos con los míos, dirigiendo mi pulgar a lo largo de su regordete labio inferior.
— La única cosa que quiero que te preocupes cuando se trata de mi polla es cuán profundamente puedes tomarla. — el doble sentido hace que su pecho enrojezca de calor.
Como una virgen, ambas sabemos que mi tamaño será difícil para ella para acomodarse al principio. Una idea que al principio me molestaba, pero que ahora me excita malditamente. El desafío de ella, la idea de ser la primera para conquistarla, saca a relucir los instintos cavernícolas dentro de mí. Gran jodido tiempo.
— Ve arriba y prepárate para mí. — me levanto del sofá y le ofrezco mi mano. La toma y se levanta a sus pies. Maldita sea, el diminuto short de jean hace que sus piernas se vean malditamente largas. Es imposible no imaginar cómo se verían envueltas alrededor de mi espalda mientras empujo en ella. La veo alejarse, su culo redondo balanceándose suavemente mientras se retira.
Santo infierno.
Después de llevar nuestros platos a la cocina, me uno a ella arriba. Becky está de pie en el centro de la habitación, luciendo completamente perdida como si estuviese esperando por mi instrucción. Solo la manera en que me mira me hace estar medio dura. Cristo.
Entro a la habitación y me detengo varios metros en frente de ella. — Quítate la camiseta.
Levanta la camiseta sobre su cabeza y cae al piso al lado de sus pies. Sin esperar a que le diga, sus dedos buscan alrededor para encontrar el broche de su sostén y cae demasiado lejos. Esa es una buena chica. Sus tetas son preciosas. Alegres y pequeñas. Sé que se sentirían cálidas y suaves en mis manos y mis dedos picarían para tocar sus curvas suaves. Soy muy consciente de que no la he tocado todavía, pero sabiendo que probablemente se alejaría o se endurecería bajo mi toque me hace dudar. Cuando finalmente la toque, quiero que se arquee en mí y gima mi nombre.
Tiro de mi camisa y luego abro el botón de mis pantalones para hacer más espacio para mi creciente polla. —Ven aquí. —Alcanzo su mano y ella camina hacia delante, deslizando su mano contra la mía. Tirándola fuertemente contra mí pecho, rodeo una mano alrededor de la parte posterior de su cuello, levantando su rostro hacia el mío.
Presiono mi boca en la suya y sus labios se abren suavemente, aceptándome. Ruedo mi lengua a lo largo de la costura de su boca hasta que se abre contra mí, entonces barro mi lengua dentro, reclamándola con un profundo beso. Su cuerpo se relaja en mis brazos y me encanta la deliciosa sensación de sus pechos aplastados contra mi pecho. El contacto de piel a piel es exquisito.
Mi lengua frota a lo largo de ella y Becky encuentra mi beso empuje por empuje. La intensidad del beso envía un golpe de lujuria directo a mi ingle. No soy capaz de detener que mis caderas se balanceen contra las suyas, mi pene buscando la fricción contra su vientre caliente. Sin romper nuestra conexión, alcanzo abajo y me ajusto, entonces encuentro la mano de Becky y la llevo al bulto en mis pantalones.
Sin alguna persuasión, su mano comienza frotando mi longitud envuelta en dril, persuadiendo un estruendo bajo en mi garganta cuando ella lo aprieta.
— Muéstrame qué puede hacer esa boca otra vez. — gruño, rompiendo el beso.
Ella cae de rodillas en la alfombra y parpadea hacia mí. Joder, ella es hermosa. La urgencia de llegar abajo y acariciar sus tetas, para sentir sus pezones endurecerse bajo mi toque es casi inaguantable. Pero en lugar de eso desabrocho mis pantalones y empujo los vaqueros y pantaloncillos abajo en mis piernas, tomando mi polla en mi mano derecha y ofreciéndosela a Becky.
Su boca se abre y sus ojos permanecen en los míos. No tengo idea por qué eso es tan caliente, pero joder, lo es. Coloco la cabeza de mi polla entre sus labios y Becky hace un suave sonido de succión, el calor de su lengua lamiéndome brevemente antes de que me aleje. —Muéstrame tu lengua.
Lo hace, su lisa, rosada lengua esperando por mí tan seductoramente. Froto la cabeza de mí polla en contra de ella, dejando que su saliva me cubra, sensibilidad dispara directamente a mis bolas. Placer rasga a través de mis venas y ahogo un gemido. — Eso es. Ábrela más amplia, bebé.
Su mandíbula se ensancha y me empujo en la caverna caliente de su boca, tomando cada trozo de placer que me puede dar. Bombeando mis caderas adelante, me encuentro a la parte posterior de su garganta, arrastrándome dentro y fuera de su boca.
Becky es una maldita campeona en chupar pollas. Yo no había estado exagerando antes. Su arcadas son prácticamente inexistentes, una habilidad que no he encontrado con muchas mujeres, especialmente teniendo en cuenta mi tamaño. Sus manos se unen a la diversión, envolviéndose firmemente alrededor de mi base y acariciándome mientras su boca sigue llevándome profundo. Dios, esta chica será mi perdición. Aprieto los músculos de mi culo, luchando contra el inminente orgasmo que se dispone a salir de mi cuerpo. Me voy a venir en su boca, y no hay ni una maldita cosa que pueda hacer para evitarlo.
Gruño su nombre y enredo mis manos en su pelo, empujándome más profundo en su garganta mientras exploto. Los ojos de Becky encuentran los míos y me observa atentamente mientras me vacío en su boca. Es la vista más erótica y aún mientras me arrastro afuera, mi erección se niega a desaparecer.
Cristo, eso fue intenso. Si el sexo oral es fuera de serie con ella, no puedo imaginarme lo que será la penetración. Y ese simple pensamiento bombea una nueva ronda de sangre hacia el sur y estoy totalmente dura y lista otra vez en una fracción de segundo.
Tomando su mano en la mía, la levanto a sus pies. Su boca está hinchada y rosada, sus labios llenos. La beso ligeramente. —Quédate aquí.
Cruzo la habitación y recupero la bolsa de regalo de la parte superior de mi mesa. Retiro la pequeña botella de aceite de la bolsa y los ojos de Becky se ubican en la botella y entonces se precipita hasta mi erección aún ansiosa y traga ásperamente. Su cuerpo entero se paraliza. Se ve aterrorizada. ¿Qué diablos?
— ¿Todo está bien? — no entiendo su reacción.
Miro abajo a la botella de aceite que compré más temprano y me doy cuenta que ella cree que es lubricante. Como si solo ásperamente lubricara mi pene y empujara en ella antes de que estuviese lista. Mi estómago cae al piso. Me siento como una imbécil de grado A. la última cosa que quiero de ella es que sienta miedo.
— Es aceite de masaje. — levanto la botella para mostrarle. — No vamos a follar esta noche, dulzura.
Su alivio es instantáneo. Ella deja salir un profundo suspiro tembloroso y sus hombros caen.
¿Cómo diablos hubiera pensado alguna vez que podría ir a través con esto? La idea de forzarla a tener sexo conmigo es deplorable. Cristo ¿qué estaba mal conmigo? Pero esto es exactamente por qué no había querido a una virgen. Había querido a una chica que fuese para follar no algo joven y aterrorizado que tendría que tratar con guantes de seda.
Extrayendo una bocanada de oxígeno en mis pulmones, empujo lejos todos los pensamientos eróticos de llevármela y tiro de mis calzoncillos. No la tocaré hasta que sepa que es lo que quiere. Pero no creo que pueda estar sin su boca caliente alrededor de mi polla. Ahora que sé que está bien chupando mi polla y como de bien ella sobresale en eso – no hay manera de que esté renunciando. Yo no soy tan generosa Tengo necesidades y he pagado magníficamente para hacerlos atender.
— Recuéstate sobre tu estómago. — señalo a la silla chaise lounge. Quizás no esté lista para mí para tocarla sexualmente, pero planeo devolver el placer físico que me ha dado de otra manera.
Se establece en el centro, y levanto su cuerpo hacia un lado, haciendo espacio para sentarme junto a ella. Vuelve su cabeza al lado por tanto puede echar un vistazo a mí, curiosa de lo que voy a hacer. Vertiendo parte del aceite en la mano, me froto las manos juntas para calentarlo antes de aplicarlo a la espalda de Becky. Su piel es suave, pero sus músculos están tensos. Que es exactamente por qué tengo que empezar lentamente mi contacto físico con ella y dejarla ir acostumbrándose a mí tocando su cuerpo.
Ella se siente pequeña y delicada bajo mis manos. Froto el aceite en su piel, hundiendo mis dedos en su carne y frotando los nudos entre sus omóplatos. Becky lanza un gruñido suave al aplicar más presión.
—¿Esto está bien? — mi voz sale más ronca de lo que me propongo.
—Sí. — respira ella.
Dirijo mis dedos por la pendiente de su columna vertebral, admirando los hoyuelos gemelos en su espalda por encima de su firme culo redondo. — Freen... — respira ella, su boca curvándose en una pequeña sonrisa feliz.
Charlotte debe haberle dicho mi nombre. Me gusta el sonido de ello en sus labios.
Después de frotar todos los nudos, ligeramente masajeo su cuello, clavando mis dedos en su cuero cabelludo. Ella estaba tensa cuando comencé, pero ahora su cuerpo está blando y relajado para mí.
—¿Esto se siente bien?
—Mmmm. — gime. El sonido va directo a mi erección siempre presente, y la bestia se flexiona en mis calzoncillos, como para recordarme que existe todavía. Parece que va a ser un accesorio permanente cuando Becky esté cerca.
Bajando la mirada a su piel cremosa y sabiendo que está en topless hace difícil concentrarse, pero hago mi mejor esfuerzo en frotar su espalda, trabajando en su columna vertebral hasta que estoy masajeando la espalda baja. Los ruidos entrecortados que hace son una distracción como el carajo y los diminutos shorts que lleva me provocan. Quiero darle la vuelta y empujar mis dedos dentro de ella, sentir cómo de apretada y caliente es ella. Por supuesto que no puedo. Todavía. Si primero gano su confianza, el sexo será mucho mejor. Al menos eso es lo que me digo.
1° foto Charlotte.
2° foto Engfa.
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