ZingTruyen.Xyz

𝙃𝙚𝙧𝙢𝙤𝙨𝙖𝙨 𝙢𝙚𝙣𝙩𝙞𝙧𝙖𝙨 ; 𝙁𝙧𝙚𝙚𝙣𝘽𝙚𝙘𝙠𝙮 [G!P]

𝘾𝙐𝘼𝙏𝙍𝙊

jindoltheworld

POV BECKY

No estoy segura de lo que esperaba, pero a la mañana siguiente cuando ruedo en la enorme cama, Sarocha ya se ha ido. Las sábanas blancas de algodón egipcio arrugadas son el único pedacito de evidencia de que ella había estado allí en absoluto. Fue una buena compañera para dormir. Tranquila y fiel a su palabra, no intentó nada conmigo.

Me estiro perezosamente y me tomo mi tiempo rodando por la cama. En el lujoso cuarto de baño, debato el tomar una ducha, me muero por usar la lujosa ducha de vapor con seis cabezales, pero en su lugar decido hacerlo breve en caso de que Sarocha me esté esperando abajo.

Después de alisar mi pelo en el espejo, deambulo hacia abajo en busca de café. La casa está completamente silenciosa. Mientras paso por una habitación tras otra en mi camino a la cocina, se siente como si estuviera caminando por un museo.

Sarocha está sentada en la barra de desayuno, inclinada sobre su iPad con una taza de humeante café expreso colocada cerca.

— Buenos días. — digo.

Levanta la mirada para encontrar la mía, su boca curvada hacia abajo en una mueca. Siento como que estoy interrumpiéndola. Golpea unas cuantas teclas más en su Tablet y luego levanta la vista de nuevo, su ceño fruncido ahora está ausente. — Buenos días.

—¿Hay café? — me dijo que debería sentirme como en casa, y por lo tanto, trato de luchar contra la sensación de que debería retirarme a un rincón oscuro de la casa y dejar de interrumpirla.

Apunta con su cabeza hacia un complicado sistema de preparación de acero inoxidable instalado en una pared. Eso no es una cafetera. Podría muy bien ser una máquina del tiempo por todo lo que sé.

— Mi personal: el ama de llaves y el cocinero son conscientes de tu presencia aquí. Piensan que eres una amiga que se está quedando conmigo. Así que si necesitas algo, no dudes en preguntar. Charlotte es mi favorita. Puedes confiar en ella, ¿de acuerdo?

Asiento.

— Así que, ¿cuál es nuestra historia? Sobre cómo te conozco.

Una arruga penetra su frente mientras piensa en eso.

— Eres la hermana menor de un amigo de la universidad. Estás aquí tratando de ser modelo y te ofrecí un lugar para quedarte hasta que consigas un trabajo. ¿Cómo suena eso?

—¿Una modelo? — ¿Yo? Me echo un vistazo a mí misma y casi ruedo los ojos. No tengo los requisitos de altura o peso para ser modelo. — Vamos a hacer que al menos nuestra historia sea un poco creíble.

— Sí. Una modelo. Y es creíble.

Muerdo mi labio inferior, internalizando esta información de la forma en la que ella me ve.

— Está bien. — lo que sea. — ¿Ese hermano mío tiene un nombre? Piensa en eso.

— Francesco.

— Suena muy italiano y obviamente no me veo Italiana.

—Muy bien, Richie.

— ¿A dónde fueron Richie y tú a la universidad?

— Harvard. — afirma sin pestañear.

Vaya. Impresionante. Supongo que la casa de varios millones de bats ubicada directamente en una playa de Muang y las dos empresas funcionando tiene sentido. Tiene una educación de primera clase. Es inteligente, poderosa y sexy. En conjunto, una combinación letal. Aún no entiendo cómo está soltera.

— ¿Eres originalmente de la costa oeste? — pregunto.

Asiente. — Chang Mai.

Justo en ese momento, suena el timbre, es una campana odiosa que continúa por lo que parece una eternidad. Mis ojos van a los suyos.

— ¿Esperas a alguien?

Pone la taza de porcelana con café sobre el mostrador.

— Supongo que es una buena cosa que se nos ocurriera esa historia. — dice, luego se dirige a abrir la puerta.

¿Qué demonios? Estoy de pie en su cocina usando una camiseta holgada que me dió anoche, sin sujetador, y pantalones de algodón delgados sin bragas, y aparentemente, estoy a punto de conocer a alguien de su vida.

Perfecto.

Segundos después, Sarocha vuelve a entrar en la cocina, flanqueado por dos personas que comparten sus mismos rasgos. El parecido es asombroso. Mi primer pensamiento es: ¿hay tres de esto?

Es abrumador tenerlos a todos en la misma habitación, todos sus brillantes ojos mirándome.

—¿Quién es? — pregunta un chico de los parecidos a Sarocha con una sonrisa arrogante. Sus ojos me están devorando y su boca se curva en una sonrisa torcida. Parece ser un par de años más joven que Sarocha, lo que hace que me dé cuenta por primera vez que Sarocha tiene que tener un par de años más que yo.

— Becky, estos son mis hermanos. — apunta a la versión más joven con la sonrisa engreída de sí mismo. — Jeff. — y luego a la versión un poco más alta con ojos amables—: y Nattawin.

— Hola. — tiro del dobladillo de la camiseta que estoy usando, demasiado consciente de mi estado sin sujetador. Mierda, y estoy segura de que mi pelo también es un desastre malvado. — Encantada de conocerlos.

— ¿Tu conquista de anoche sigue aquí? — la boca de Jeff se curva en otra de esas sonrisas desiguales que ya estoy llegando a amar.

— Becky es la hermana menor de Richie.

— ¿Richie? — preguntan ambos al unísono.

Aquí vamos. Tiempo para probar la historia.

— Richie... de Harvard. Era uno de los amigos de Saint.

Ambos hermanos asienten como si esto tuviera mucho sentido. Supongo que hay un montón de Richies en Harvard, y ya que no tienen ninguna razón para dudar de ella, aceptan rápidamente la historia. Exhalo un pequeño suspiro de alivio mientras Sarocha termina de explicar que acabo de mudarme a Tailandia y estoy buscando un trabajo como modelo, así que me ofreció un lugar para quedarme, ya que tiene como quince habitaciones vacías.

—¿De dónde eres originalmente? — pregunta Nattawin.

— Boston. — suelto sin pensarlo. Ahí es donde está la Universidad de Harvard, pero me estremezco dándome cuenta de que me falta totalmente el acento indicador de Boston. Bien hecho, Becky.

Aunque dado a que soy mitad Tailandesa y mitad Británica, puede ser creíble por mis rasgos. Claro que esto no lo sabe Sarocha.

— ¿Así que ustedes no son, como, un elemento, entonces? — presiona Jeff. Mira mi atuendo, es obvio que he dormido con la ropa de Sarocha.

— No. — responde Sarocha sin ofrecer nada más.

— La aerolínea perdió mi equipaje. — explico, señalando mi ropa. 

— Bastardos. — Jeff me sonríe de nuevo.

— Soy Nattawin. Es un placer conocerte. — El mayor de los tres extiende su mano hacia la mía y le da un cálido apretón, su enorme mano encierra por completo mi propia palma. Sus ojos se arrugan en las esquinas y parecen ver demasiado, es la misma sensación que siento al mirar directamente los ojos de Sarocha.

— Igualmente.

— Ignora a estos dos idiotas. Bienvenida a Tailandia. Si necesitas algo... por favor, házmelo saber. — dice.

— ¿Shuhua no es una modelo, hermano? — pregunta Jeff mientras mira a Nattawin.

— ¿Quién? — los ojos de Nattawin aún no se han desviado de los míos.

— Tu novia. — le recuerda Jeff. — Tu muy comprometida y seria novia. — Sarocha casi se atraganta con su risa.

— Cierto. Sí, eso es lo que quise decir. — Nattawin endereza sus hombros—. Si necesitas algo mientras estás aquí tratando de establecerte, házmelo saber, y veré si puedo ayudar.

Jeff y Sarocha se están riendo de su hermano mayor. Al verlos interactuar, puedo ver que son una familia muy unida y de inmediato extraño a Irin. A pesar de que ha pasado un tiempo desde que ella y yo pudimos simplemente divertirnos y bromear de una forma tan despreocupada. Últimamente han habido demasiados hospitales, demasiado estrés, y también demasiadas cuentas para recordar siquiera cómo reír, mucho menos respirar.

— Gracias, te lo haré saber. — inclino mi cabeza hacia el suelo mientras junto mis palmas. Mi deseo por el café se ha ido, todo lo que quiero hacer es huir de esta cocina y de estos dos hombres grandes que están observándome de cerca. Quiero tomar una ducha, ponerme un maldito sujetador y vestirme.

— Qué demonios, Chank, ¿no tienes nada de Engfa que ella pueda ponerse hasta que la aerolínea encuentre su equipaje? —pregunta Jeff, lanzándole un puñetazo fingido a Sarocha.

La mirada que ella le dispara es similar a una bomba atómica explotando en la cocina. Nota mental: No enfadar a Sarocha, o Chank... o como sea que se llame.

Quien quiera que sea ella, el lenguaje corporal de Sarocha grita que el nombre de Engfa no debería ser mencionado en su presencia. Por supuesto, esto sólo me pone más curiosa.

— Llamaré a Charlotte. — dice Sarocha, en lugar de responder la pregunta directa.

—¿En su día libre? — Nattawin levanta una ceja.

Observo su intercambio con fascinación, tengo la sensación de que hay mucho que no está siendo dicho y que necesito un traductor para ponerme al día.

Sarocha se gira hacia mí, su expresión suavizada.

— Sube y dúchate, si quieres. Puedo darte ropa limpia para que te cambies hasta que Charlotte pueda llegar aquí. Olvidé que hoy tengo planes para ir a jugar golf con mis hermanos. Pero ella te llevará de compras y te conseguirá todo lo que necesites. Hasta que llegue tu equipaje. — añade, dándome una sonrisa.

— Está bien. — murmuro. Odio sentirme tan indefensa, pero no puedo hacer nada más que depender de ella, mi nueva y confusa dueña.

Antes de retirarme por las escaleras, les doy a ambos hermanos otro apretón de manos e intercambiamos despedidas. Luego me dirijo a la seguridad de la habitación principal, necesitando unos minutos a solas para recuperarme de toda la testosterona tomando lugar en la cocina.

Una vez que estoy sola en el piso de arriba, sé que no puedo retrasar más la llamada telefónica que necesito hacer. Me siento en el sillón tapizado en la suite principal y marco al celular de mi mamá, esperando ansiosamente que conteste.

— ¿Patricia?

— Sí, soy yo mamá. — con todo lo que ha pasado en las últimas veinticuatro horas, es más palpable de lo que creía el sólo escuchar su voz.

— ¿Dónde estás? — pregunta.

—En Kanchanaburi, en casa de una amiga. Necesitaba un tiempo lejos, un descanso. — está tranquila y sé que está procesando lo que le he dicho. No tengo amigos en Kanchanaburi, pero no me cuestiona. — Esta amiga con la que me estoy quedando... es dueña de una empresa y amablemente se ofreció a umm... — me tropiezo con mis palabras, tomando una respiración profunda. Dios, soy muy mala mintiendo—. Se ofreció a dar el dinero para poner a Irin en el programa de prueba.

— ¿Qué has hecho, Rebecca? — su tono es desesperado y más duro de lo que recuerdo. No es la reacción que estoy esperando.

— El dinero está en tu cuenta. Úsalo para darle a Irin los cuidados que necesita. — mi voz es casi clínica mientras lucho para mantener mis emociones juntas. Ni una sola vez en mi imaginación más salvaje pensé que mi madre sospecharía de mí. Por supuesto que sabía que preguntaría de dónde salió el dinero, pero pensé que estaría muy agradecida y que aceptaría la historia de un generoso donante anónimo, sin argumento.

No dijo nada más sobre el dinero, pero la escucho sorber. —¿Hasta cuándo vas a estar fuera?

— Un tiempo. — confirmo.

— Cuídate.

— Lo haré. Sólo cuida de Irin. Las amo.

— ¿Becky? — Oigo la voz de Sarocha en la sala antes de que entre al cuarto.

Lanzo mi teléfono abajo sobre la silla y me pongo de pie, secándome rápidamente mis mejillas con el dorso de las manos. — ¿Sí?

Sostiene una taza de café en un platillo y con un cántaro en miniatura de crema. — No tuviste tu café.

El gesto es dulce e inesperado. Acepto la taza de ella, la bebida aromática es exactamente lo que necesito ahora mismo. Hay un paquete de azúcar y una cuchara pequeña en el platillo.

— No sabía cómo lo tomas.

— Con crema y azúcar. Así es perfecto. Gracias.

Asiente. — Todo... ¿bien?

—Sí. — enderezo mi columna vertebral. No pagó por el drama y estoy segura de que no quiere oírme hablar de mis problemas en casa—. Acabo de llamar a mi mamá. Todo estará bien ahora. — al menos eso es lo que estoy diciéndome a mí misma.

Un ceño fruncido momentáneamente arruga su frente, antes de que su expresión se vuelva la relajada y neutral que he llegado a esperar.

— Charlotte debería estar aquí en una hora. Probablemente querrás prepararte.

—Gracias de nuevo. — me llevo el café a los labios y veo cómo sale de la habitación.

Después de terminar mi café, decido prepararme para la llegada de Charlotte. Arreglo un baño de burbujas en la bañera extra grande y me hundo en el calor, dejando el agua caliente alejar mi tensión de antes. La canasta junto a la bañera está equipada con todo lo que pudiera necesitar y más; sales de baño de lujo, champú, acondicionador, exfoliante facial, máquinas de afeitar, jabones líquidos y en varios olores diferentes. Me pierdo en el proceso, enjabonando mi cabello y piel, y disfrutando del momento tranquilo y el fragante aroma de las hierbas que me envuelven.

Hasta que escucho la puerta del baño abrirse.

Chillo y buceo para cubrirme bajo las burbujas cuando la perezosa sonrisa de Sarocha ilumina toda su cara y hace que mi vientre se vuelque.

— Nada que no haya visto, dulzura. Relájate. Voy a darme una ducha. ¿Tengo que usar otro cuarto de baño, o estás bien con esto?

Umm, vamos a ver. ¿Estoy bien con el hecho de que ahora vivo con una mujer que está aparentemente cómoda compartiendo un baño conmigo mientras las dos estamos desnudas como aves? La privacidad solía ser algo que yo valoraba. Me limito a asentir.

Retuerce uno de los pomos de la ducha cerrada de cristal gigante y el agua brota de la cabeza de ducha tipo lluvia desde el techo, entonces tira su camisa por su cabeza y sale de los pantalones de algodón que está usando. Vislumbro un firme culo duro antes de cerrar mis ojos de golpe. Jesús... ¿Se pasa todo su tiempo libre en el gimnasio?

La necesidad de mirar su cuerpo desnudo y firme me está volviendo loca. Puedo oír el agua contra el suelo de la ducha de piedra y el sonido es enloquecedor. Es como que te digan que hay una pintura al óleo que no tiene precio en la pared y está prohibido mirarla. Básicamente, es la tortura. Ya sé cómo se ve su erección, pero el deseo de robar un vistazo al resto de su cuerpo es casi abrumador.

Resisto la tentación, pero apenas.

Termino rápidamente mi baño, agradecida de que ya me había lavado antes de que Sarocha decidiera unirse. Aseguro la enorme toalla mullida blanca alrededor de mi cuerpo y salgo del baño tan pronto como me es posible, dejando un charco de agua en el suelo en mi estela.

En lugar de vestirme con la ropa de ayer, sigo el ejemplo de Sarocha y me pongo la ropa que dejó para mí; otra gran camiseta, esta vez pantalones de deporte, luego me aventuro abajo para una recarga en mi café.

Sus hermanos están todavía en la cocina y Jeff está saqueando la nevera mientras Nattawin se sienta en la isla, hablando por su teléfono celular y viéndose perturbado.

— Así que, jugarán al golf hoy, ¿eh? —Iñ intento hacer una pequeña charla.

— ¿Quieres venir con nosotros? — pregunta Jeff.

Miro mi conjunto. — No creo que esté vestida para ello.

Se ríe. — Es cierto. Pero le daría a los ancianos en el country club de Nattawin algo de qué hablar que no sea el desempeño de las acciones.

Miro con nostalgia la máquina de café y luego abajo en mi taza vacía.

La sonrisa de Jeff está de vuelta. Dios, esa cosa se está volviendo adictiva. — Ven aquí, hermosa. Te voy a enseñar.

Toma la taza de mí y la pone abajo en la pequeña plataforma abierta y me muestra qué botones apretar mientras murmura para sí mismo acerca de la maldita máquina pretenciosa. Las opciones son abrumadoras para una simple taza de café. Nunca he sido buena con los gadgets y esto es como un tener un barista en vivo. La pantalla LED confirma mi pedido; café pequeño, y toco servir en la superficie táctil. Soy recompensada con el sonido de satisfacción del café comenzando a verterse en mi taza y otra de las sonrisas adorables de Jeff. Después de añadir un chorrito de leche y un poco de azúcar en mi café, veo a Sarocha entrar en la cocina. Está vestida con elegantes pantalones color caqui gris oscuro y una camisa blanca fajada que se extiende a través de su pecho voluptuoso. Caray, son como un equipo de polo o un anuncio de colonia atractiva. Ya sabes, uno de esos en los que están con los pantalones blancos y los pies descalzos navegando en un yate, sonriendo con relucientes dientes blancos. La intensa mirada de Sarocha que puedo sentir muy dentro de mí, junto con la sonrisa torcida de Ten es, abrumador.

Pongo mi café en la isla con manos temblorosas mientras Sarocha camina hacia mí.

POV FREEN

Me acerco a Becky donde está de pie cerca de la isla de la cocina, es imposible evitar que mis ojos se deslicen hacia abajo por sus curvas. Sus pezones se han endurecido en contra de la camiseta que lleva puesta. Mi camiseta. No me gusta que esté en exhibición delante de mis hermanos. Y Jeff necesita mantener sus malditos ojos para sí mismo. Si veo esa sonrisa tonta idiota en su cara una vez más, voy a quitársela de un golpe.

Mirándola, e imaginando lo que hay bajo esa camiseta, lucho por mantener mis pensamientos limpios. Mi mente se distrae de nuevo a la noche anterior cuando se desnudó para mí.

En la subasta cuando mantuvo los brazos cerrados sobre sus pechos, asumí que había algo que se encontraba escondido. No pensé que fuera algo tan grotesco como un tercer pezón, pero había pensado que tal vez tenía una marca de nacimiento, o un lunar, o alguna otra imperfección que quería mantener oculta a los hombres ofertando sobre ella. Pero no había tal imperfección.

Becky era malditamente deliciosa. Desde sus completas tetas pequeñas con hermosos pezones de color melocotón, con su largas y bronceadas piernas hasta su desnudo coño que había sido bastante inesperado. Mi pene duele de sólo pensarlo. Se había desnudado a sí misma para mí anoche. Su valor era casi abrumador. Pensó que yo era la que tenía el poder en nuestro pequeño cambio, pero fui lo suficientemente inteligente como para saber, sin lugar a dudas, que era ella.

Acecho más cerca y sus temblorosas manos ponen la taza y el plato en la mesa, pero sus ojos se quedan en los míos, como si hubiese recordado lo de anoche. Me alegro de que no se encoja hacia mí, y menos delante de mis hermanos.

— Charlotte se hará cargo de ti hoy, va a conseguirte lo que necesitas, ¿de acuerdo?

Asiente, su postura insegura. No había planeado dejarla hoy. Tengo que trabajar el resto de la semana, así que planeé disfrutar de ella en las muchas habitaciones de mi casa, pero si echo a mis hermanos ahora, nunca voy a escuchar el final de ello.

— ¿Qué tal después? — levanta la mirada y guiña esos hermosos ojos miel hacia mí. Trato de leer su mirada. ¿Vacilación? ¿Interés? Me encojo de hombros. Estoy segura que no es nada más que una mera curiosidad de cuando voy a tomar su virginidad. Eso sería lo único obvio en su mente. Es su propósito de estar aquí.

Me inclino para susurrar cerca de su oído, con cuidado de que mis hermanos no escuchen. — Disfruté de mi polla en tu boca anoche.

Traga y deja escapar un pequeño suspiro, inaudible para nadie más que yo. El sonido hace que mi pene crezca en mis pantalones.

Joder.

Levanto una mano y le acaricio la mejilla con el dorso de los nudillos.

— Eres muy buena en chupar pene, lo sabes, ¿verdad? — busco sus ojos por su reacción, pero esta información se ve como nuevas noticias para ella. Está bien, quizás es sólo buena chupando el mío. Incluso una mejor noticia. Sus mejillas son de color de rosa y sus ojos miran alrededor, revisando para ver si mis hermanos nos escuchan. Lo están, pero estoy segura de que están actuando como si no lo estuvieran.

Lame sus labios, completamente inconsciente de cuán erótica es esa vista para mí. ¿Es posible jugar al golf con una erección rabiosa? Al parecer, estoy a punto de averiguarlo.

— Disfruta de tu día con Charlotte, pero luego estate lista para mí esta noche. — no es una petición y simplemente asiente.

Salgo con mis hermanos, lanzando mis palos en la parte posterior de la SUV de Nattawin y después subo al asiento del copiloto. Había olvidado por completo el golf hoy. Odiaba el golf, pero Nattawin se había unido al Beverly Hills Country Club para cortejar a algún cliente, y estuvo sobre mí y Jeff para unirnos a él en el golf y así poder sentir que su dinero valía en el caro club.

— Entonces, ¿estás follándola o qué? — pregunta Nattawin antes de que estemos incluso fuera de mi casa, sin perder ni un segundo.

— ¿De verdad vamos a hablar de esto como si estuviéramos de vuelta en la escuela secundaria? — pregunto, manteniendo mi expresión de aburrimiento y fija en la carretera.

— Maldita sea, sí que lo haremos. — Jeff se inclina hacia adelante entre los asientos, descansando sobre la consola —. Es caliente y lo sabes. Lo suficientemente caliente para que Nattawin se olvidara de su novia supermodelo.

Eso era jodidamente divertido. Nada hacía temblar a Nattawin.

— Nadie te culparía si lo estuvieras. — continúa Nattawin. — Después de lo que esa perra castaña te hizo.

¿Por qué en la mierda todo el mundo hablaba de Engfa? Me muerdo, saboreando la sangre.

— No estoy follándomela. — contesto. Al menos no todavía — Es la hermana de mi amigo. — les recuerdo.

— Correcto, Richie de Harvard. — Nattawin sonríe. Sabe tan bien como yo que Becky no es de la costa este. ¿Por qué carajos dijo que era de Boston?

— Bueno, no es la hermana de mi amigo, y tengo una habitación en mi apartamento. Me quedo con ella si no la quieres. — responde Jeff, completamente distraído.

No la va a llevar a ninguna parte, pero no estoy a punto de participar en una discusión infantil sobre mi propia propiedad.


1° foto: Nattawin Wattanagitiphat, apodado en Tailandia "Apo". Aquí es Nattawin Chankimha, el hermano mayor.

2° foto: Korakamon Satur o mejor conocido como Jeff Satur. Aquí es Jeff Chankimha, el hermano menor.

Nota: Ambos trabajaron en el BL Kinnporsche.

- Los demás personajes que se vayan mencionando saldrán en las fotos del principio y final de cada capítulo debido a que a veces los nombres son poco usuales y en parte para que los sepan diferenciar.

- Si hay algún error háganme saber pero con amabilidad porque sino lloro👍🏻

Mañana subo otro cap~

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