𝘌𝘹𝘵𝘳𝘢 𝘐𝘝
Love estaba ligeramente arrepentida, ahora, en el vestidor de las animadoras.
¿Cómo terminó aceptando ser novia de Jimmy?
La respuesta era simple: apariencias.
Él era un buen jugador de fútbol, lo había demostrado hace dos semanas al entrar al equipo. También era popular, todas querían salir con él.
Además, Love era una animadora, era casi por un equilibrio social colocarse de novia con él. Era lo normal, lo correcto. Pero se negaba a aceptar la razón más probable, quiso salir con él para sentirse bien consigo misma, que era como cualquier otra chica linda y popular.
Que no era aquella Pattranite Limpatiyakorn que le incomodaba, esa extraña chica con mariposas en el estómago y tontos pensamientos sobre Milk Vosbein. Esa Love era anormal, no tenía sentido, nunca pensaba con claridad alrededor de la pelinegra y sentía extraños impulsos de agarrarla de la mano y entrelazar sus dedos al verla en el pasillo.
La castaña prefería a la otra Love, la normal, con preocupaciones tales como si recibiría un vestido para Navidad o si los chicos la invitarían a salir, la cual era ella misma hace un año atrás, antes de conocer a aquella chica gótica del demonio. Jimmy era lo único que la mantenía cuerda, o la hacía sentirse así, que le gustaban los chicos.
Love se repetía así misma que lo que sentía por Milk, si es que se podía definir como un sentimiento, era extraño e incorrecto y sobre todo seguramente un encaprichamiento juvenil.
Nada más. Love estaba segura, creía, de que era heterosexual. Claro. Love Limpatiyakorn aseguraba ser completamente heterosexual.
¿Qué le sucedía? Posiblemente un lapsus una incoherencia en su crecimiento adolescente.
Respiró profundo, se sentía más segura al anotar sus inseguridades en su diario. Y desde que Milk apareció en su vida, vaya que había escrito.... varias páginas en él.
— ¡Por supuesto, chicas! —escuchó la voz de la amiga de la pelinegra, aquella que le caía tan mal, Ciize.
Frunció el ceño, aún sin verla, irritándole su voz, aunque no encontraba una razón exacta por la cual detestaba a la peliazul. La chica entró a los vestidores, despidiéndose de unas amigas suyas antes de ir a su casillero. Hace pocas semanas que eran nuevas en el equipo, pero llevaban una pequeña rivalidad, quien hacía mejores giros o quien dirigía los entrenamientos.
Love casi siempre ganaba, debería de sentirse victoriosa al ver la
mirada resentida que le daba la chica durante aquellos momentos. Pero cualquier felicidad desaparecía al recordar que Ciize era amiga de Milk, tenía derecho a sus sonrisas, a abrazarla, a pertenecer a la vida de la pelinegra.
Love sentía envidia, y se enojaba muchísimo con ella misma por aquellos pensamientos absurdos. Por ello detestaba a esta versión de Pattranite Limpatiyakorn, la verdadera no sentiría celos por semejante tontería.
La castaña sonrió con sorna, mientras terminaba de hacerse una cola de caballo.
— ¿Lista para comer el polvo hoy, Azulita? —cerró la puerta de su casillero, colocando las manos en su cadera con intención de intimidar.
Ciize sonrió, pero con diversión, hizo lo mismo que la otra chica, ladeando la cabeza.
— Esa serás tú, plástica. —le rectificó antes de darle un guiño y comenzar a caminar a la salida. — No llores cuando me toque dirigir el entrenamiento, Limpatiyakorn.
Love apretó los labios, aún sin dejar de sonreír falsamente.
— Eso crees tú, me das lastima. —soltó con desprecio.
Ciize siguió avanzando sin dignarse a voltearse y mirarla, se detuvo en la puerta.
— Por cierto, hoy mis amigas me estarán observando entrenar... —dijo con una extraña vocecita burlona, arrastrando las palabras.
Love tragó lentamente. Sus amigas ¿Milk estaría en las gradas hoy? Maldijo interiormente, a la Love Limpatiyakorn idiota, cuando sintió mariposas devorándole el estómago.
— ¿Y a mí que me importa que tu séquito de amiguitas vayan a verte? —estaba a la defensiva, podía notarlo.
La peliazul negó con la cabeza, mirándola sobre su hombro antes de encogerse, sin importancia.
— Nada. Solo pensé que te interesaría saberlo. —fue lo último que dijo antes de retirarse, seguramente con intenciones de ir al campo.
Love se espabiló. Fue siguiendo sus pasos decidida, no dejaría que esa tonta peliazul le robara la atención hoy en el entrenamiento. La dejaría en ridículo frente a todos. No quería admitirlo, pero una pequeña parte, en realidad era grande, quería demostrarle a la pelinegra que ella era miles de veces mejor que la tal Ciize.
En el campo vislumbró a su mejor amiga, Freen no apartaba los ojos de las gradas, aunque quisiera aparentarlo. Love lo vio un poco extraño ¿A quién podría estar observando? Pero no preguntó. En cambio, siguió su mirada, hasta donde suponía que estaba Becky. Pero lejos de importarle la pequeña castaña sus ojos estaban en Milk Vosbein. La misma chica que la atormentaba, con la que mantenía discusiones constantemente en la biblioteca, aquella que se supone que detestaba profundamente. Milk estaba con los codos en sus rodillas y la barbilla en su mano, siempre vestía ropa oscura que le hacía parecer más blanca.
Sus ojos se encontraron, la pelinegra mostró un pequeño atisbo de emoción y la castaña sintió un fuerte vuelco en su pecho. Cortó el contacto visual de inmediato, sintiéndose vulnerable y sin comprender por qué su corazón no paraba de latir como loco. Idiota. Eres simplemente patética, Love Limpatiyakorn. Reprendía mentalmente a la otra Love, la que en estos momentos se preguntaba si Milk seguía observándola.
— Veamos, chicas, comiencen el estiramiento y después elegiremos quien dirige el entrenamiento de hoy. —ordenó la entrenadora, era muy alta y amargada, pero todas debían calarse sus órdenes.
Todas se colocaron en círculo, empezando a estirar coordinadamente. Freen estaba junto a la castaña, hablaba sobre algún tema interesante, suponía ella. Love no la escuchaba, estaba observando a la peliazul que justamente estaba al otro lado de la formación, frente a ella. ¿Lo peor de todo? Le estaba mirando. Aquella rarita le sonreía como si mantuviera un chiste privado. Love la fulminaba con los ojos, procuraba no dejar de mirarla para así no demostrar debilidad.
No señor, la Love Limpatiyakorn normal, a la que le valía madres Vosbein, nunca la humillaban y en estos momentos iba a probarlo. Aunque sus ojos no le hicieron caso, malditos traidores. Ella no quería. Se fueron, unos breves segundos, a las gradas. Milk estaba jugando con Tontawan, a darse golpecitos en los hombros, la castaña no hizo nada mejor que quedarse mirando. Después volvió en sí cuando sonaron el silbato.
— Ahora ¿Quiénes se ofrecen como capitanas? —anunció la entrenadora, colocándose en medio de la formación.
— Yo quiero. —dos manos se alzaron y dos voces hablaron al unísono. Nadie más se atrevió a ofrecerse.
Todas en el equipo sabían que Love y Ciize llevaban competencia por ocupar ese puesto todas las prácticas. Si no querías recibir un golpe de una banana voladora en el ojo, lo mejor era no intervenir.
— Vale, al centro las dos. —las chicas hicieron lo indicado, sonriéndose como dos chicas que se detestan, pero fingen que no frente a los profesores. — Limpatiyakorn ¿cara o cruz? —sí, es lo que piensan, para elegir a la capitana del día utilizaban una moneda.
Era un método infalible.
— Cruz. —Love sonrió dulcemente, obviamente más falso que un billete de tres bhats.
Ciize se encogió de hombros, pero había un brillo en sus ojos que seguía siendo raro. No era con desprecio, como Love sentía hacia ella, era más bien con diversión. La entrenadora lanzó la moneda al aire, dió varias vueltas, pero las dos chicas estaban más ocupadas en verse directamente como para observar el resultado.
— Cruz. Limpatiyakorn, dirige al grupo. —fue el resultado final y Ciize no hizo nada, torció la boca, pero volvió a sonreír.
Las amigas de Love sonrieron, la misma castaña lo hacía, y el grupo fue a colocarse en posición. Esperaban a las dos chicas.
— Buena suerte la próxima, azul. —le susurró al pasar al lado de ella, deteniéndose un poco para verle. — Te hará falta.
— Disfruta ser capitana hoy, Love. —los ojos cafés pusieron nerviosa a la castaña, Ciize sonrió abiertamente. — Intenta no tropezar tanto, Milk nos está viendo. —ella dió la vuelta y fue alegremente con las otras.
Love palideció. No, no era.... ¿Cómo? Ella... ¿Estaba loca? Si debía ser. No tenía sentido. De todas formas, esa peliazul no podía saber lo que Love pensaba sobre Milk.
Nadie podía saberlo, sintió el estómago revuelto. El resto de la práctica evitó a propósito cruzar palabra con a
Ciize. Estaba nerviosa, lo sabía, sentía los ojos cafés clavados en ella esperando algo. Love tenía miedo, nadie podía saberlo,esa pequeña y ridícula cosa que sentía por Milk Vosbein era innombrable.
En las duchas se vistió rapidísimo, sabía que perdía su reputación ante los ojos de la peliazul al hacerlo, pero no quería toparse con Ciize. Salió prácticamente corriendo y chocó con alguien, con quien menos esperaba.
— Ouch. Perd... ¿Limpatiyakorn? —la confundida le miraba con sus ojos cafés, Love se fijó en que hoy parecían un poco más brillantes.
Se apartó un poco torpe, acaba de tropezar con ella en pleno pasillo, pero nadie les prestaba gran atención. Miraba a Milk, esta observaba confundida, pero estaba justo allí, cerca de los vestidores y Love supo el por qué. Y le molestaba un montón. Vosbein seguramente esperaba a Ciize, a esa estúpida peliazul.
— Ten más cuidado, fenómeno. —siseó, apretando los puños.
De inmediato los ojos cafés se enfriaron. Hizo aquel gesto tan característico suyo cuando se enojaba, y no es que Love le prestara tanta atención, frunció las cejas y tensó la mandíbula.
— La que estaba atravesada eras tú, Limpatiyakorn. —luego, con un gesto de manos, le restó importancia.— Igual no me importa, vengo a hacer cosas más importantes que pelear contigo.
Love sentía los nudillos blancos. Mierda. Otra vez la Love tonta por la pelinegra salía a causar problemas. Se mordió la lengua, así salvándose de preguntar si venía por la peliazul.
— ¡Milk! —gritó alguien tras ella, Love se congeló, pronto recordando la razón de su huida.
Sentía miedo. Mejor era irse ahora. Fulminó por última vez a Milk antes de irse por una esquina y largarse del lugar. Ella no puede saber, se repetía mientras caminaba por el pasillo. Es imposible. Le molestaba que Ciize actuase como si supiera algo que Love no. Siempre, con esa sonrisa cada vez que la pelinegra estaba cerca o atrapaba a la castaña mirándolas. Se detuvo, pensando ¿Acaso Ciize jugaba con ella? o ¿Ciize veía algo de lo que ni la propia Love era consciente? La sola idea le dió pavor.
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