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⚠️Tema drogas/perdida ⚠️
Corría tan rápido como sus piernas se lo permitían.
Necesitaba salir de su habitación, ya no soportaba pasar tanto tiempo en ella sabiendo que lo acompañaba su partida.
Bajo su vista borrosa hasta sus Jordans y luego nuevamente la dirigió al frente.
Vivía en un barrio donde las calles parecían pasillos de un interminable laberinto del terror, algunas se levantaban en ciertas partes causando un sentimiento como el de las montañas rusas y a Chifuyu ciertamente le gustaba, o eso hacia hasta que se tropezó.
El cemento lo raspó y le saco cachitos de piel en algunas partes del cuerpo, como en las rodillas o bien los codos, pero ciertamente estaba intacto.
No le prestó mucha importancia y se levantó rápidamente, eran las cinco de la mañana así que dudaba que alguien lo hubiera visto caer.
Siguió corriendo en bajada porque si lo podían tachar de algo era de insistente y se detuvo únicamente cuando llegó a su destino, una torre de apartamentos bien cuidados.
Espero unos minutos a que saliera pero no lo hizo así que corrió hasta el tercer piso y con ayuda de una planta subió hasta el balcón de uno de los departamentos para luego entrar a la residencia.
Al entrar la realidad lo golpeó y se dió cuenta que aún si pasaban horas el chico no iba a salir.
Conocía esa habitación como si hubiera crecido dentro de esas cuatro paredes llenas de fotografías.
Fotografías de él.
Fotografías de Baji.
Suspiró y se sentó en el suelo del conocido espacio donde sonrío al ver su propia guitarra en una esquina, se la había olvidado hace una semana pero luego de lo que pasó no volvió a buscarla.
Saco una pequeña bolsa con un conocido polvo blanco dentro, lo coloco sobre un libro dividiendo en finas líneas rectas la sustancia para luego ingerir a través de sus fosas nasales.
- Ayer fui a verte...- hablo a la nada aún esperando una respuesta - pero no te sentí
En su teléfono se reproduce el último video que tiene en su galería y la voz del pelinegro junto con su sonrisa abarcan todos sus sentidos.
" Quisiera encontrarte algún día en mi camino
¿No ves que sigo atado
A un recuerdo que no olvido? "
Las lágrimas resbalaban automáticamente por sus mejillas mientras sentía al agujero en su estómago crecer aún más.
Siente ganas de vomitar pero sus cuerdas vocales están lastimadas y sus dedos tiemblan por la anterioridad.
- No me jugues en contra - entre sus brazos toma fuertemente la manta que solía usar el pelinegro en sus reuniones de media noche en la escalera - Ayúdame a salir de esto, por favor
Observo las fotografías, en la mayoría estaban juntos, eran tan malditamente conocidas para sus ojos.
Todo dentro de esa habitación era conocido para él a excepción del sentimiento de soledad que daba la habitación oscura.
La notificación que sonó en su celular lo distrajo y al levantarlo pudo ver el mensaje diario de Mitsuya preguntando si estaba bien, río antes de ignorarlo.
- Es gracioso sabes, puedo contarle mis problemas a un millón de personas pero ninguna serás tú
Recordó la noche que el pelinegro lo golpeó y una mueca se instaló en su rostro. No estaba enojado, no ahora, no en este momento. La tristeza era mucho más poderosa.
- Te perdono, no importa si me dejaste ciego de un ojo - era verdad, ante los insistentes golpes su retina se había desprendido y al no ser tratada a tiempo ocasionalmente perdió la vida completa de este - Pero me prometiste que no me ibas a dejar solo y no lo cumpliste
Putas promesas que nunca cumplirían, putas palabras que jamás llegaron a decir.
Su cerebro estaba mareado, sentía que las paredes estaban chuecas y eso le molestaba. Recuerda vagamente que ayer también se drogo, vio a Jesús en una esquina y quiso ir a golpear a su padre o en otro caso llorar hasta que le devuelvan a su amigo pero al parecer Dios no se encontraba en ese momento.
Se repudiaba completamente, las drogas eran el único remedio que tenía a la perdida aún si no existía remedio para esta más que la resignación.
Su madre estaba preocupada.
La madre del pelinegro estaba preocupada.
Los chicos estaban preocupados.
Él se estaba preocupado, no quería olvidar la voz del pelinegro pero lo estaba haciendo de a poco.
- Tan jóvenes para esta mierda - sus ojos conectaron con la foto de su propio cumpleaños número trece - No llegamos a tus dieciséis, te faltó vivir Kei
Su juventud se está escapando pero su mejor amigo será un adolescente para siempre y eso lo asusta, no quiere ser un jodido adulto que le caiga mal a Baji.
- Ayer te mandé un mensaje, por si querías juntarte y hacer algo - abrazo sus piernas contra su pecho y oculto su rostro en ellas - Ya me siento un chiste
Todo era conocido y monótono.
Todo era doloroso.
Hace una semana se gastó todo sus ahorros en drogas intentando tener una alucinación del chico para verlo aunque sea cinco minutos y si tenía suerte podría decirle que se cuide pero no lo logro y lo único que tuvo en su lugar fue una sobredosis.
Ahora todos lo vigilan y no se siente cómodo llorando en público.
No estaba cómodo en ninguna parte, todos sus lugares favoritos están contaminados por la ausencia del mayor, incluso las personas que frecuenta están contaminadas.
Hace meses que "no es un buen día" y está cansado, sabe que posiblemente esté perdiendo el equilibrio en su propia cuerda floja catalogada como vida.
Tiene quince años y es muy joven para esta mierda, se enoja de vez en cuando.
A los amigos no se los visita en los cementerios a los quince así que no va.
Quiere creer que lo que esconde la tierra no es el pelinegro, se convence de que su alma no fue creada para permanecer quieta y en realidad es libre vagando en las llamas de algún mechero.
Tiene sueño pero le da miedo dormir. La última vez soño que el pelinegro se iba, cuando despertó se dió cuenta que era verdad.
Ayer tampoco durmió aún no se acostumbra a la luz de la lámpara que compro pero se obliga a mantenerla encendida.
¿Que tal que Baji decida ir a buscarlo y al ver todo oscuro piense que no está? Él no va a correr el riesgo.
Lo extraña.
Lo extraña muchísimo.
Se mete en la cama ajena y piensa que el pelinegro estaba en un mejor lugar, porque eso es lo que la gente estúpida dice.
Lo que dicen para sentir que ya cumplieron.
Palabras estúpidas que solo llegan a quien las dice y no curan a quien las recibe.
Chifuyu prefiere que no digan nada, que lo miren con lastima y luego sigan festejando que su equipo paso a semifinales.
Él solo quiere llorar en paz, porque le duele y está de rodillas otra vez rogándole al injusto en vano para que le devuelva eso que perdió.
Se tapa con la brazada hasta la cabeza, se cuestiona si fue buena idea cuando el oxígeno se hace más pesado y se ve envuelto en el aroma de quién ya no está, decide que no lo fue una vez la ansiedad desaparece pero su cabeza lo traiciona y le dice que en unos días esa frazada tomara su propio olor si la sigue acaparando así que la aleja de su cuerpo rápidamente. No le importa pasar frío.
- Llévate mi cuerpo - rogó - llévatelo como hiciste con mi alma Kei
Lloró toda la noche y no recuerda cuando se quedó dormido.
La madre del pelinegro lo encontró a las cuatro de la mañana cuando ella era quien buscaba llorar acostada en la cama ajena. La mujer sonrió entre lágrimas y acarició la cabellera descuidada del chico entre las sábanas.
Ambos igual de rotos por la ausencia de quién los dejo.
A la mujer no le importo ver las líneas blancas sobre el libro, no lo hecho diciendo que era un sucio drogadicto porque ese niño rubio roto había hecho feliz a su hijo más de lo que él creyó.
Lo salvó, por un tiempo.
- Feliz cumpleaños Chifuyu
Y Baji también lo salvó a él.
- Beauseth🍄
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No voy a pedir perdón.
Mañana lo voy a corregir ahora tengo la vista borrosa por las lágrimas.
Pueden existir errores ortográficos.
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